Calderón y el año 8: ‘¡Se los dije!’

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En los dos primeros años del gobierno de Peña se confirma que el diagnóstico de Felipe Calderón era el acertado

Si Felipe Calderón fuera otro tipo de ex presidente; si en el séptimo y octavo años no se hubiese conducido con la prudencia que hasta hoy lo caracteriza, seguramente luego de la crisis de Iguala se habría escuchado la sentencia lapidaria del michoacano. ¿Cuál sentencia?

“¡Se los dije!”, habría resumido tajante.

Y si Calderón fuese un ex presidente incontinente, como Vicente Fox, luego del decálogo de Enrique Peña Nieto para detener la inseguridad, violencia y avance del crimen organizado, seguramente Calderón habría soltado otra expresión irónica… “¿No que no..?”.

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Y es que día a día, en los dos primeros años del gobierno de Peña Nieto, se confirma que el diagnóstico del entonces presidente Felipe Calderón no sólo era el acertado en materia de crimen organizado y de narcotráfico, sino que algunas medidas que en su momento impulsó para contener ese flagelo eran correctas o, por lo menos, son las mismas que hoy presumen los “genios de Los Pinos”.

Por eso, la primera resultante que arroja la terca realidad —de la grave crisis de inseguridad y violencia que se vive en México—, es una pregunta fundamental. ¿Qué van a decir ahora todos aquellos que abiertamente se mofaron de la preocupación de Calderón, del tiempo “exagerado” que le dedicó al diseño de políticas públicas contra el crimen; de la supuesta “obsesión” por “la guerra contra el crimen” que decían se había apoderado de Calderón?

¿Y qué van a decir los que aplaudieron como focas de circo cuando el presidente Enrique Peña Nieto quiso acabar con la violencia, el crimen, las bandas y sus escalofriantes cifras, con un simple cambio de retórica y “narrativa”? ¿Qué van a decir todos los que sin cuestionar la terca realidad aplaudieron y aceptaron el cambio de discurso y olvidaron los números escalofriantes? ¿Qué van a decir los que gustosos se prestaron a esa farsa discursiva de que el problema de la violencia era un problema de discurso?

Y por supuesto que no se trata de festejar errores, fallas u omisiones del gobierno de Peña en materia de seguridad, violencia y crimen. Tampoco se trata de aplaudir que su gobierno haya sufrido un severo golpe de imagen, credibilidad y confianza ciudadana a partir de la tragedia de Iguala. Y mucho menos pretendemos abonar al maniqueísmo de quienes engañan con el cuento de que la tragedia de Iguala es responsabilidad del gobierno federal.

Sin embargo, es obligación ciudadana exigir al gobierno de Peña Nieto y a todo su gabinete que es tiempo de “bajar de la nube” y recordar que la alternancia en el poder no significa reinventar a México cada seis años; la alternancia presidencial no es sinónimo de tirar a la basura y destruir todo lo anterior y tampoco creer que los nuevos gobernantes son iluminados y salvadores de la patria.

Y si alguien aún tiene dudas, basta recordar que una de las primeras acciones del gobierno de Calderón fue enviar al Ejército y la Marina a Michoacán, a combatir a los Templarios. ¿Y cual fue la reacción de los rabiosos sembradores de odio contra Calderón? La burla, el insulto y la ofensa. Una preocupación central de Calderón fue la llamada “tierra caliente”, colindante entre Michoacán y Guerrero; casualmente donde aparecieron las autodefensas michoacanas y donde se produjo la tragedia de Iguala.

Luego de enviar fuerzas federales a Michoacán, Felipe Calderón llevó adelante el llamado “michoacanazo”, consistente en la detención de alcaldes y políticos michoacanos involucrados con la mafia de Los Templarios. ¿Y cual fue la respuesta del PRI y del PRD? La burla, la presión y el chantaje, Bueno, el PRD llegó al extremo monstruoso de convertir en diputado federal a Julio César Godoy, para desacreditar ante la opinión pública el golpe del gobierno de Felipe Calderón al corrupto PRD michoacano. Hoy el Partido de la Revolución Democrática paga con sangre un error político fundamental.

El mando único o policía única fue un reiterado esfuerzo de Calderón, ante la indolencia y la burla de los gobernadores del PRI, del propio PAN y del PRD. El único gobernador que entendió la importancia de la medida y la trascendencia de su aplicación fue Rodrigo Medina, el gobernador de Nuevo León. Vale recordar que en los primeros dos años de su gestión, Medina estuvo a punto de caer a causa de la violencia criminal. Pero el priísta aplicó el mando único y Nuevo León hoy está lejos de la crisis que casi le cuesta el cargo a su gobernador.

Es larga la lista de políticas de Calderón que bloqueó y luego desechó el soberbio PRI de Peña Nieto. Hoy el PRI paga su soberbia, mientras Calderón estará pensando: “¡Se los dije!”. Al tiempo.


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