En Morena la guerra interna no para ni con foto de reconciliación. Hace unos meses, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, y el exgobernador Jaime Bonilla se reunieron para “limar asperezas” y calmar los ánimos de cara a las elecciones de 2027. Se suponía que era el abrazo de la unidad, el “ya párale, compa” que tanto recomienda la dirigencia nacional. Pues no duró ni el mole.
Todo explotó otra vez cuando el gobierno de Marina del Pilar vinculó a proceso a Bonilla por presunto peculado, abuso de autoridad y uso ilícito de atribuciones en el fallido proyecto de una planta fotovoltaica con la empresa Next Energy. Irregularidades millonarias, contratos sin permisos federales y un buen susto a las finanzas del estado, según la denuncia.
Bonilla, que no se queda callado ni en ayunas, contraatacó en entrevista de radio con todo el arsenal. Acusó directamente a Marina del Pilar de encabezar, junto con su exesposo y varios colaboradores, una red de tráfico y distribución de drogas. Dijo que hay elementos documentados, incluso detenciones en la línea fronteriza de San Ysidro. Nada más y nada menos.
La gobernadora ha insistido en que el proceso contra Bonilla no es persecución política, sino defensa del patrimonio de los bajacalifornianos. Bonilla, por su parte, lo ve como un golpe bajo de quien no quiere competidores fuertes rumbo a la sucesión.
El sainete deja varias lecciones sabrosas. Primero, que en Morena las paces son como las promesas de campaña: se hacen para romperse. Segundo, que cuando dos pesos pesados del mismo movimiento se agarran, los trapos sucios salen volando y salpican a todos. Y tercero, que el electorado mira con cara de “¿y estos son los que van a transformar México?”.
Mientras la dirigencia nacional intenta poner orden con reuniones y llamados a la unidad, en Baja California siguen los rounds de sombra: denuncias, contradenuncias y acusaciones que harían sonrojar a más de un priista de los viejos tiempos. Al final, el que pierde es el movimiento y, sobre todo, la gente que espera resultados y no este circo de acusaciones mutuas.
En Morena la guerra interna no ha parado. Parece que ni la foto de la reconciliación sirvió para apagar el fuego. Y mientras ellos se pelean por el hueso, el ciudadano común se pregunta si en 2027 le van a dar a elegir entre opciones reales o solo entre quien grite más fuerte.


























