Ante tanta confusión ¿por quién voto? (2)

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¿Qué deben hacer los ciudadanos, los analistas y las figuras de autoridad que tratan de orientar al votante, para que la decisión del voto haya sido reflexionada? Mirar hacia atrás en la vida política del país, y mirar el entorno de personas que rodean al candidato: ¿quiénes son sus más cercanos colaboradores, los cuales seguirían siéndolo si gana? Hay que ver también la trayectoria del partido que propone al candidato: cómo se ha portado respecto a sus ofertas políticas, qué han hecho en sus tareas partidarias, en su actividad legislativa y en el ejercicio del poder ejecutivo.

Nadie gobierna solo, no llega el candidato electo a sentarse en la silla presidencial sin un gran equipo de colaboradores: su gabinete, sus operadores políticos, sus consejeros y asesores, su equipo personal de apoyo. De la gente que antes se ha rodeado, ahora rodea y puede esperarse que rodeará al candidato si triunfa, depende mucho de lo que el ciudadano puede, en realidad, esperar.

Tampoco gobierna solo el alcalde o gobernador respecto a su partido, y a quienes lo han apoyado, en la forma que sea, en su carrera política si la ha tenido, y en las campañas internas y públicas para llegar al poder anhelado. En el camino se construyen alianzas, compromisos, ofertas, todo lo cual, llegado el momento de la verdad, cobra, como se dice en política, las facturas respectivas.

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Muchas decisiones de gobierno obedecen a compromisos, tanto en las acciones como en las omisiones, qué se hace y qué no se hace, o bien cómo se hace, o bajo qué condiciones que la ciudadanía desconocerá, aunque las imagine.

Otro aspecto a considerar, es la influencia que sobre esas decisiones de gobierno tendrán los llamados “poderes fácticos”, es decir las personas y las organizaciones cuyo poder de control en diversas formas, podrá apoyar o hasta sabotear e impedir el buen gobierno; y esto va desde compromisos hechos de buena fe, intereses creados, disputa por el poder y el dominio sobre el país, llegando hasta el chantaje y la amenaza.

El poder del dinero, la manipulación social, la fuerza bruta: militar o paramilitar, las influencias y las facturas por cobrar de entes o personas poderosas hasta del extranjero, tiene también enorme fuerza para apoyar o impedir el buen gobierno y cumplir promesas de campaña.

¿Con quién andas?

Esencialmente, en la decisión del candidato a apoyar, debe pesar muchos el “dime con quién andas y te diré quién eres”, sumándole el cómo creo que serás y te dejarán ser; qué experiencia tienes, cómo has gobernado o ejercido el poder en el partido, en el trabajo legislativo y en la sociedad civil organizada, según sea el caso. Si has sido líder social, cómo lo has hecho, qué respeto has tenido por seguir caminos legales, pacíficos y de “arrastre” popular; si has sido manipulador o verdadero líder honesto.

Esencial es el escudriñar los aspectos conocidos del partido político ya que finalmente gobiernan los partidos, no son sus candidatos electos solamente. Hay que pensar cómo han llevado su trayectoria, su respeto a la democracia interna y pública; qué han ido cumpliendo de sus promesas de campañas anteriores. Cómo han gobernado y legislado antes y en el presente. Cada partido o las alianzas de partidos ¿cómo han llevado otras campañas y la vida política en el pasado y en el presente, para saber qué podemos esperar de ellos, bueno, mediocre y malo?

Respeto a la democracia participativa

Algo muy importante es la creciente participación ciudadana en la toma de decisiones de gobierno, así como en lo que se llama contraloría social, que examina y califica la forma de gobierno. Un dictador impedirá que la sociedad participe democráticamente en la toma de decisiones o en la vigilancia del actuar gubernamental. Un demócrata tomará en consideración el sentir y el interés ciudadano. Sus obras, programas sociales y apoyos financieros serán aquellos que la sociedad que será beneficiaria considera como auténticos y de mayor relevancia para su bienestar.

Muy importante es analizar el respeto a la institucionalidad y la legalidad del candidato, para suponer cómo sería en el ejercicio del poder, ejecutivo p legislativo. ¿Será un demócrata participativo? Lo mismo vale para su partido.

La conducta y valores del candidatoPara sopesar lo democrático y participativo que sería su gobierno (de él y su gente cercana), el candidato debe ser evaluado por el ciudadano en su actuar anterior, en cómo ha llevado su vida pública y hasta los aspectos públicos de su vida personal. Por ejemplo, un padre amoroso y responsable, que forma a sus hijos como personas responsables, sería mucho mejor presidente o legislador que el que ha llevado una vida disipada o familiarmente de poca o ninguna responsabilidad.

Igualmente importante es la lealtad que el candidato ha tenido respecto a los valores sociales trascendentes, como es la prevalencia del bien común sobre el particular, la solidaridad y la subsidiariedad, o el fomento a la familia como célula de la sociedad. A ello sumamos el apego real que podemos conocerle sobre los derechos humanos, como es el respeto a la vida, a la educación de los hijos, a la práctica de la vida religiosa y al uso del poder en todas formas.

Al final de la reflexión

Todo lo anterior debe ser tomado en cuenta para decidir el voto, o para orientar a otros en su decisión personal. El ofrecer no mata, -dice el refrán-, el dar es lo que aniquila. Si nos quedamos en las propuestas, podemos cometer errores que llegan, colectivamente, a convertirse en históricos, así como podemos también llevar al país a una etapa de

prosperidad, desarrollo y justicia social si elegimos bien.


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