AMLO a mitad del sexenio: 2.- Oposición elitista, no de clase

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Por: Carlos Ramírez

El excandidato presidencial y sobresaliente líder opositor Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano volvió a sorprender con su lúcida capacidad de análisis sobre la realidad mexicana y con sus planteamientos de los escenarios estratégicos para el corto plazo. Pero nada más.

El contenido de las declaraciones de Cárdenas en una mesa redonda en la Feria Internacional del libro de Guadalajara se perdió en las redes sociales que no alcanzan a configurar todavía ninguna posibilidad de construcción de ciudadanías aliadas y en la decisión de Cárdenas de ser solo una declaración y no una fuerza opositora. Algún par de columnistas rescató algunas frases en espacios limitados del comentario de opinión.

De manera sorprendente, también, el panista Santiago Creel Miranda dedicó su artículo semanal en El Universal a difundir una carta abierta al presidente de la República pidiendo la apertura de espacios de diálogo. Lo malo, sin embargo, radicó en el hecho de que se suponía que el PAN estaba construyendo un espacio opositor plural con el PRI, el PRD, la Coparmex y el activista empresarial Claudio X. González. El diálogo con el presidente convertirá a la oposición sistémica en el viejo modelo panista de oposición leal al régimen priísta.

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Participante también en la alianza opositora, el senador perredista Miguel Angel Mancera se había convertido en un factor de contención legislativa a las iniciativas centralistas y de facultades extraordinarias del Ejecutivo federal. Por tanto, su voto era vital para cuando menos restarle mayoría al nombramiento presidencial de la nueva gobernadora del Banco de México. De manera no tan sorpresiva, Mancera votó a favor, aunque horas después del arresto de Julio Serna, uno de sus principales colaboradores en la Jefatura de Gobierno de Ciudad de México. La articulación de hechos no necesita mucha explicación.

México siempre ha carecido de oposición política; solo ha habido opiniones contrarias a las líneas presidenciales. La ruptura sistémica por Cárdenas provocó la rebelión dentro del PRI en 1988, por el asesinato de Colosio en el escenario de la sucesión presidencial de 1994 y por la persecución judicial de Zedillo contra Salinas de Gortari y condujo a la alternancia partidista en el 2000, aunque la regresión en el 2012 al PRI evidenció la falta de capacidad política y estratégica del PAN para construir un régimen alternativo al del PRI.

Los acercamientos opositores al gobierno del presidente López Obrador vía la aduana oficial del secretario de Gobernación y ahora principal precandidato presidencial, Adán Augusto López Hernández, ya mandaron el mensaje a la ciudadanía de que la oposición formal es débil, carece de capacidad para construir una propuesta alternativa, inclusive no tiene la fuerza siquiera para proponer una nueva alternancia y está dedicada solo mantener sus espacios de poder político.

La oposición desde la ciudadanía tampoco está ofertando cuando menos coherencia en su independencia política: Cárdenas aparece y desaparece, Creel se somete a la disciplina presidencialista y la alianza opositora ya dejó clara su incapacidad para construir algún verdadero frente amplio opositor.

Y si se agrega la aparición de organizaciones oportunistas como el Frente Cívico Nacional armado con figuras destripadas de sus partidos y en busca solo de candidaturas legislativas para el 2024, entonces el panorama político de competencia electoral para el periodo 2022-2024 ofrece una imagen patética de una clase política sin capacidad para convencer al electorado.

El principal error estratégico de la oposición formal actual se encuentra en la incapacidad para construir la narrativa efectiva de un proyecto alternativo de nación al modelo vigente del sistema/régimen/Estado constitucional priísta-panista-morenista que se ha fortalecido en la estructura institucional del país por encima de las precarias ideologías opositoras.

Los casos de Cárdenas, Creel, Mancera, Coparmex-Claudio X., FRENA y ahora el FCN no revelan la fortaleza política del actual gobierno, sino la precaria debilidad e incapacidad de decisión de una oposición que no se atreve a construir un proyecto alternativo al de las presidencias de la república PRI-PAN-Morena.


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