¡Al carajo!, señor presidente

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La tragedia del Metro lo volvió loco. Reconózcalo. Provocó un cataclismo en la columna vertebral de su proyecto político, de su mentira, de su farsa democrática.

Sí, muchos mexicanos, cada vez más, queremos mandarlo al carajo pero no podemos. No tenemos el poder, pero tampoco el suficiente valor para hacerlo. Fuimos educados para respetar lo que usted no respeta: la institucionalidad.

En la casa y en la escuela nos dijeron que no podíamos insultar al presidente, porque hacerlo era tanto como faltar a los símbolos patrios. Pero usted lleva dos años desmitificando la figura presidencial, rebajándola al nivel de un pendenciero que da golpes bajos.

Muchos se arrepienten de haber creído en que era un hombre moral. De suponer que iba a ejercer con honor y gallardía el más alto cargo de representación nacional. Logró engañar a treinta millones de mexicanos. ¡Felicidades!, pero las mentiras no son para siempre. El disfraz de demócrata se le está cayendo a pedazos y dejar ver la piel del tirano.

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La tragedia del Metro lo volvió loco. Reconózcalo. Provocó un cataclismo en la columna vertebral de su proyecto político, de su mentira, de su farsa democrática.  Por eso lo desquició la pregunta lógica que le hizo un reportero: “¿Por qué no ha ido a los hospitales a visitar a las víctimas?” 

Su respuesta, señor presidente, no tiene paralelo en la historia del despotismo: “…porque no es mi estilo, no me gusta la hipocresía, esto no es de irse a tomar fotos, ¡al carajo!… con el estilo” ¿¡Al carajo! con el estilo o ¡al carajo! los pobres que lo llevaron al poder?

Para usted no es hipocresía utilizar el acarreo para  llenar las plazas públicas y que le aplaudan, pero sí lo es visitar a las víctimas de  sus omisiones y decisiones perversas. Los 26 muertos en el Metro constituyen uno de los peores fracasos de su gobierno y eso no puede tolerarlo su vanidad.

Sí, millones de mexicanos queremos mandarlo ¡al carajo! y esperamos que las elecciones del 6 de junio nos sirvan para hacerlo. Queremos utilizar el único instrumento democrático que tenemos los ciudadanos para ¡mandar al carajo! a un tirano que se burla constantemente de la Constitución.

Estamos hartos de que esté sentado en la silla presidencial un remedo de Jefe de Estado. De alguien que usó a 30 millones de mexicanos para asaltar el poder. Que se comporta como un atracador de instituciones y recursos, y que utiliza la fuerza del Estado para hacer daño a la nación.

Ese carajo que lanzó usted desde la “mañanera” es expresión de su trastorno emocional. Al ver que sus mentiras ya no surten efecto, que se desmorona su ficción transformadora, recurre ahora a la Fiscalía General de la República para meter a los candidatos de oposición cárcel y tratar de que Morena gane así la elección.

Sentir que la tragedia del Metro dejó herida de muerte su popularidad, lo está llevando a disparar balas por todas partes. Ya no sabe qué escándalo inventar, ni  que enemigo perseguir, ni que guerra declarar para tratar de hacer olvidar la muerte de “26 carajos”.

Ahora llega al extremo de acusar a Estados Unidos de financiar a sus opositores,— a la organización ciudadana Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad—, con el único interés de victimizarse, tratar de encender el espíritu antiyanqui y tomar las calles en defensa de un país que él mismo está destruyendo.

Y sí, le tomamos la palabra. Al ¡carajo! con la estela de muerte, enfermedad y desempleo que ha dejado a su paso por la presidencia.

¡Al carajo! con su “austeridad republicana” que ha dejado sin medicinas a los niños con cáncer y a los enfermos más pobres del país.

¡Al carajo! con sus leyes para ahuyentar inversiones.

¡Al carajo! con el acoso a jueces y ministros de la Corte!

¡A carajo! con el acoso constante a la democracia, a la división de poderes y al orden constitucional.

¡Al carajo, usted!, señor presidente.


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