Ahí vienen más ‘Cuaus’

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El audio difundido ayer en el programa de Ciro Gómez Leyva en el que se escucha a Agustín Basave, presidente perredista, amenazar al CEN de su partido con su renuncia si no se aprueban las alianzas con en el PAN en Puebla y Tlaxcala tiene sentido. El señor Basave llegó a un partido que no conoce, con gente que no conoce, con políticas que no conoce y ahora tiene que lidiar con todo eso. Es lo malo de alquilarse de gerente. Pero bueno, uno puede imaginar que puso sus condiciones para regentear el tugurio, pues andar dando la cara por ese muladar no es cosa sencilla y sí puede acabar con el prestigio de cualquiera.

Si Basave condicionó su aceptación a las alianzas o las decisiones que él tomara en materia electoral, tiene razón en recordarlo y en hacer lo posible por que se le cumpla y él no quede con la palabra empeñada y la imagen empañada. Además, el PRD no tiene mucho qué hacer en las elecciones el año que entra, así que o busca sus alianzas o continúa su camino a ser otro partido pequeño para tener en el escenario al verde o al amarillo.

Tlaxcala y Puebla, advierte Basave. ¿Por qué esos dos estados? No se necesita ser muy inteligente para saber con quién del PAN está negociando el presidente perredista: con Moreno Valle, gobernador de Puebla. Se trata de una alianza de supervivencia de ambos en sus respectivos partidos. Moreno Valle necesita ganar Puebla para poder competir en su partido, de entrada, con Ricardo Anaya (quien salió más hábil para la traición y el escondite de lo que cualquiera hubiera pensado) y por eso también quiere Tlaxcala, para ganarla con un perredista. De esa manera el poblano tendrá más cartas en su partido y Basave en el suyo. No es mala la apuesta en términos personales. Por supuesto del lado panista se ve la sombra negociadora de Creel, aliancista feroz, trancisívoro irredento, hombre que no cree en las definiciones, ni propias ni institucionales y que piensa que una opción política debe ser una masa amorfa que concentre fobias para que todos se lleven bien.

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Lo que llama la atención del tema es que sea el PAN el que esté interesado en aliarse con el PRD. Las alianzas a gobiernos estatales no han sido buenas para el PAN. No gana, todo le sale mal, le dan unos puestos irrisorios y, peor aún, terminan peleados con sus aliados. Le ha pasado lo mismo tanto con priistas como con perredistas y parecen ir de nuevo por lo mismo. El PAN no resolverá sus problemas de imagen con alianzas de esa índole. Si el perredismo quiere apoyar a un panista —o viceversa— porque se considera que es un bien mayor quitar a un priista, adelante. Pero estar pactando desde el centro, solamente fortalece las cuotas de poder y ese desorden en el que nadie se hace responsable de quien gobierna. Están moldeando gobernadores irresponsables que no responderán a nadie, que solo repartirán dinero, aumentarán el desprestigio de los partidos y dejarán desesperanzada a la ciudadanía. Ahí vienen más Cuaus.


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