El Instituto Nacional Electoral nos recuerda la gloriosa historia de la transición democrática. La democracia fue imponiéndose con la fuerza de la verdad y del respeto. A nadie se le puede atribuir la paternidad exclusiva, ni siquiera a un puñado de hombres y mujeres. Una ciudadanía de buena calidad permitió el arribo de la democracia. Quienes pertenecimos a esa generación sabemos que sí se puede. El INE nos recuerda esa historia en la que México construyó la democracia, pero hoy el INE nos recuerda que el poder sin límites corrompe sin límites.
Lo cierto es que el verdadero deterioro de las instituciones comenzó en 2018, con la llegada a la Presidencia de la República de un hombre que no era demócrata; vaya, ni siquiera una buena persona: AMLO, quien un día declaró “al diablo con las instituciones” y cuando llegó a la Presidencia gracias a las mismas, se encargó de desaparecerlas. Lo digo para que veamos que sí importa quién ocupa la Presidencia de la República y que las consecuencias de nuestro voto son mayores de lo que imaginamos.
El Instituto Nacional Electoral ha entrado en una decadencia moral sin precedentes. Acepto que no venía tan bien. El INE había sucumbido varias veces frente al poder de López Obrador. Pero lo de ahora es otra cosa, claramente otra cosa. El desastre es moral y legal. Queda claro que el gobierno de Morena es directamente responsable, porque puso las condiciones para que esto pasara e incluso eligió a quienes hoy protagonizan la decadencia.
La inmoralidad, la mentira y la avaricia no crecieron en el vacío. Necesitaron de las acciones y omisiones de “servidores públicos”. La corrupción que hoy sigue apareciendo requirió comités técnicos, acuerdos, sentencias y hasta leyes. Hay claramente un nombre, pero hay muchos más. Y ahora tenemos no solo el INE, sino también órganos electorales locales cuyos integrantes fueron elegidos en el marco de esta red de corrupción.
Iniciamos con un comité técnico inclinado casi en su totalidad hacia Morena. Ese comité revisaba a quienes integraban las propuestas a elegir. En estas líneas denuncié los exámenes copiados y las calificaciones discrecionales y discriminatorias. Al final, se decidió mediante una lista cerrada y a través de la tómbola. El resultado fue un INE bajo el mando de Guadalupe Taddei. Es mujer, pero la honestidad, la dignidad y la probidad no dependen de si se es hombre o mujer. Con el INE de Taddei se hicieron cínicamente las campañas anticipadas, el crimen organizado intervino fácilmente en las elecciones, se contaron las boletas planchadas, aprobaron la ilegal sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados, llegaron los ministros y jueces del acordeón y las facultades discrecionales.
La nueva consejera presidenta logró un acuerdo que le permitía nombrar a todos los directores sin la participación de los demás consejeros. Al eliminar las decisiones colegiadas, Taddei actuó a su antojo y, al parecer, otorgó cuotas a otros morenistas. El acuerdo fue impugnado, pero el Tribunal Electoral lo validó a través de un indigno trío de magistrados, encabezado por Felipe de la Mata y seguido por Felipe Fuentes, con el no menos deplorable papel de Mónica Soto. Así se validó la imposición de Taddei para elegir directores sin el acuerdo del Consejo. Después, Morena cambió la ley para que no se discutiera más esa poderosa facultad de la consejera presidenta electa hasta 2032, ¡imagínense!
La Fiscalía General de la República, que ha actuado en otros casos con impresionante rapidez, mantiene un silencio cómplice y sospechoso. Debería actuar como si se tratara de un enemigo de AMLO o de alguien de la oposición. En este caso no hay prisa, ni prisión preventiva oficiosa, ni traición a la patria… Es uno de los suyos. La FGR debió haber intervenido en la dirección de Picacho 259; por lo menos, debería haber llamado a declarar a los directores, hayan presentado o no su renuncia. El Congreso también debería estar realizando una investigación, porque algo se hizo mal si estos personajes llegaron a esos lugares como autoridad y como proveedores.
Por último, la venta de plazas y las cuotas para conservarlas son una constante en los gobiernos de Morena. Es una verdad compartida por los mismos de Morena. Vaya usted a saber si esas cuotas no llegan hasta las cuentas de algunos miembros del Congreso, porque vaya que hemos visto que en Morena no hay límites para la voracidad.
Solo nos queda la fuerza ciudadana para que las próximas elecciones salgan adelante y nuestro país tenga una esperanza cierta.
@Mzavalagc


















