lunes, mayo 18, 2026
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El duro despertar que Morena tendrá en 2027

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En Morena confían en que los programas sociales —y la propaganda desplegada para que los beneficiarios teman perderlos si el partido es derrotado—, la movilización el día de la jornada electoral con el apoyo de sus gobiernos estatales y municipales, la conducción de figuras como el presidente Andrés Manuel López Obrador y la popularidad de la mandataria Claudia Sheinbaum serán suficientes para ganar en 2027.

Están tan convencidos de que su victoria es inminente que las campañas adelantadas de algunos de sus aspirantes ya comenzaron en varios Estados del país. Un ejemplo claro de esta tendencia es Andrea Chávez, quien se vale de distintas estratagemas para alcanzar la popularidad necesaria para salir airosa en las encuestas que definirán las candidaturas.

El exceso de confianza es tal que no importan las críticas que los militantes han recibido por presumir en sus redes sociales viajes por el mundo y artículos de lujo. Les tiene sin cuidado que los medios reseñen el valor de la ropa o de la joyería que portan, de los autos que conducen o de sus inmuebles; mucho menos les preocupan los contratos que han recibido o los familiares que han logrado acomodar en los gobiernos estatales o en el federal.

Los escándalos por la detención de correligionarios, como el alcalde de Tequila, no han frenado sus ambiciones. Tampoco lo sucedido en Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex), en el tema de La Barredora o el caso del huachicol fiscal; ellos creen que ganarán a pesar de todo.

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Igual sucede con las acusaciones de Estados Unidos en contra de funcionarios morenistas de Sinaloa, a las que dan poca importancia. Incluso se atreven a exigir que los que se han entregado al Departamento de Justicia estadounidense sean extraditados para que se les juzgue en México, en donde no enfrentan acusación alguna.

Convencidos de que todo es una narrativa creada por la oposición, la derecha internacional y la ultraderecha, esperan que con señalar que se trata de campañas de desprestigio todo quedará olvidado. Consideran que la simple acción de negar acusaciones, contratos, testimonios o investigaciones será suficiente para retener las posiciones que hoy detentan.

Disimulando la ambición que los motivó a cambiar de partido —con lo que tuvieron que tragarse las palabras que en el pasado usaron para ofender a sus hoy compañeros—, esperan que el electorado recuerde más las corruptelas de los priistas y panistas que las que han cometido en los últimos siete años. A la vez, buscan que se olvide que ellos militaban en dichos partidos cuando sucedió lo que ahora usan para acusar a la oposición.

Están esperanzados en que el abstencionismo aumente y que los partidos de oposición sigan en estado de coma para ganar, así sea por la mínima diferencia, los siguientes comicios. Al cabo, por eso asimilaron al Instituto Nacional Electoral (INE), a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y al Tribunal Electoral para garantizar la victoria.

Por eso no les quitan el sueño las acusaciones en contra de uno de sus gobernadores —para eso es el grito de “no estás solo”—, ni las que vendrán en contra de otros de sus correligionarios. Mucho menos que se sigan publicando los casos de nepotismo que protegen, la corrupción que se aprecia cada día más o la complicidad con el crimen organizado, pues ya se convencieron de que se trata de campañas de desprestigio.

Para un movimiento en el que lo único que importa a sus integrantes es ganar elecciones a cualquier costo, el reto es adaptar la realidad a sus ambiciones.

De cualquier modo, creen, siempre se podrá cambiar de partido si el actual se hunde. Con los recursos acumulados y la experiencia adquirida, podrían ser recibidos con los brazos abiertos en las fuerzas políticas a las que antes ningunearon o despreciaron.

Pero el problema es que en 2027 el despertar podría ser muy duro de asimilar.

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