¿Voto obligatorio?

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La nota de Excélsior, firmada por Jonathan Hernández, indica que para el consejero del INE se debería iniciar una discusión acerca de la obligatoriedad del voto, con el fin de que los gobernantes alcanzarán una mayor legitimidad, además de analizar la propuesta para instaurar una segunda vuelta. En momentos en que se discute los efectos de un 47% de participación como la que se presentó en los comicios federales pasados, esta podría ser una idea más para contar con un sistema electoral más participativo.

Voto a fuerzas

Decir que el voto en México no es obligatorio, es sólo en parte cierto, pues diversas organizaciones sociales, sindicales y políticas obligan a sus miembros a votar por los candidatos de “su” partido. Sólo hay que remontarnos un poco en la historia del país para recordar la afiliación masiva y las órdenes de jerarcas que indicaban a sus agremiados por quien votar.

Con el paso del tiempo, ese tipo de controles se relajaron aunque aún existen organizaciones en las cuales se obliga a votar por determinada opción política, sin importar si los miembros de las mismas estén de acuerdo o no, simplemente hay que acatar la orden.

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Pero por otro lado tenemos algunos niveles de participación electoral por debajo del 50% de participación, porcentaje que se incrementa si está en juego la Presidencia de la República o alguna gubernatura. En los pasados comicios federales para renovar la Cámara de Diputados, la asistencia a las urnas fue del 47%. Esto ha motivado una discusión para encontrar mecanismos para incentivar que los ciudadanos acudan a las urnas en fechas preestablecidas.

Un primer intento en este sentido, se dio al momento de unificar los calendarios electorales, pues se argumentaba que tantas fechas dispersas en el calendario electoral, sólo ayudaban al abstencionismo. Más tarde, se promovió la participación de candidatos independientes como una forma de desmontar otro argumento para la no asistencia a las urnas, pues al existir un monopolio para la postulación de los candidatos en manos de los partidos, quienes no se sintieran representados por los mismos perdían interés en votar.

Ahora, al ver que ambas medidas no han redundado en una mayor participación de electores, comienza a circular la idea de hacerlo obligatorio como sucede en Argentina y Uruguay, países en donde la asistencia a las casillas de votación ronda el 75%. La nota de Excélsior, del pasado 4 de enero, va en este sentido.

Ahora bien, convendría empezar a poner en la mesa de discusión algunos puntos que pueden ayudar a comprender la inasistencia ciudadana a las urnas, como es el hecho de que para muchos el voto es algo que se intercambia por un beneficio a futuro –entiéndase como políticas públicas que ayuden a elevar el nivel de vida de la población, aunque para algunos el beneficio puede ser inmediato en forma de despensa o dinero en efectivo–, por lo que la inefectividad de nuestra clase política y la postergación de las soluciones que necesita el país son parte de la desmotivación electoral.

Otro hecho que se tiene que analizar, es el nivel de confianza que despiertan los partidos entre la ciudadanía. Diversas encuestas han puesto de manifiesto que junto a los policías, son las entidades menos confiables para el elector.

Los partidos, por su parte, en poco ayudan a motivar la asistencia a las urnas en cuanto a que se dedican más a los ataques que a la difusión de sus propuestas, además de que hay pocas caras nuevas entre los candidatos que postulan, por no decir los escándalos en que se ven envueltos varios de sus militantes más distinguidos –como los que vieron como protagonistas a Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, Luis Alberto Villareal o Jesús Valencia–, así como los sueldos que se otorgan sus dirigentes y el presupuesto que consumen.

Otro punto a analizar, es la baja calidad de nuestros electores, pues la mayoría no conocen las propuestas de los partidos, principalmente por desinterés en informarse –lo que sería parte de un círculo vicioso que afecta la calidad de nuestra democracia–, además de que para muchos mexicanos la política es oportunidad de enriquecerse, lo cual aleja a muchos de la participación en esta actividad.

Como en el caso de la corrupción, muchos ciudadanos condenan y critican a los partidos y militantes pero rehusando asumir su parte de responsabilidad acerca de que dejan la puerta abierta para que entren vivales que se enriquecen con la política, además de no exigir a nuestros gobernantes y hacer en el expediente fácil de culpar a los demás de nuestros atrasos.

Más que obligar a votar, lo que debería ser obligatorio para el ciudadano es la participación en política. Empezar por informarse –y no repetir consignas de otros– sería un buen inicio.

Del tintero

Por cierto, la campaña para gobernador de Colima es un buen ejemplo de cómo los partidos, gracias a sus acusaciones y ataques, alejan a los electores de las urnas. El reciente audio que involucra al candidato panista, Jorge Luis Preciado, y su relación romántica –algo que, por lo demás, ya se conocía en círculos políticos– demuestra que los partidos están lejos de representar a los ciudadanos.


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