Viendo la política como si fuera fútbol

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Si hay algo que le gusta al mexicano, es convertirse en analista de café para revisar lo que sucede en la política y en el fútbol. Se critican las decisiones de los funcionarios públicos o de los jugadores de los distintos equipos, a veces con crueldad. No estaría mal si viéramos la política como se ve los juegos del balompié nacional, aunque buena parte de los aficionados o militantes pugnarían por tener la razón siempre a pesar de las evidencias en contra.

A las patadas

El fútbol soccer y la política en México son actividades muy parecidas. En ambas se juega a las patadas, unos en la cancha y otros debajo de la mesa. También en ambos ámbitos el árbitro es siempre cuestionado, en particular por no marcar algunas faltas para favorecer a un equipo en particular, ya sea que se trate de un penal cometido por la defensa del “América” o no ver las prácticas cuestionables del Verde.

También, son similares por los fichajes millonarios que algunos equipos o partidos realizan, como es el caso de Orbelin Pineda que pasó de Los Gallos del Querétaro a Las Chivas del Guadalajara por poco más de 74 millones de pesos, o el fichaje de Cuauhtémoc Blanco por el PSD en Morelos por 8 millones de pesos, según denuncia del exalcalde Manuel Martínez Garrigós.

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De igual forma, las pasiones que levantan los partidos, tanto en lo deportivo como en lo político, se parecen mucho. Sino lo cree, hay que ver los enfrentamientos entre los militantes de Morena y los del PRD en el DF, o los que sostienen los aficionados de Pumas y América en cada encuentro.

Otra similitud se encuentra en la forma en que se genera rechazo por malas actuaciones, como ha sido el caso de Sergio Bueno como director técnico del Cruz Azul, a quien la afición cementera pide su salida por, otra vez, quedar fuera de la pelea por el título, como a Peña Nieto lo han reprobado en las encuestas que preguntan acerca de la aprobación ciudadana.

Un rasgo en común más, tiene que ver con las camisetas que tanto futbolistas como políticos han portado a lo largo de su carrera. Como el caso de Sergio Sabah que ha pasado por el León, Morelia, Guadalajara, Cruz Azul y otros más, algo parecido a lo que ha hecho Porfirio Muñoz Ledo que pasó del PRI al PRD, y de ahí a apoyar a Fox y regresar a la órbita del PRD.

Asimismo, hay equipos o partidos que tienen dueños en común, como lo que sucede con Grupo Pachuca que tiene intereses tanto en el conjunto de la capital de Hidalgo como en el León, similar a lo que pasa con el PRI y el PVEM, por tantas coincidencias.

Además, las peleas internas son comunes en conjuntos de nuestra famosa e irregular Liga MX como en nuestros institutos políticos, como el pleito que tiene en vilo a las Chivas del Guadalajara, protagonizado por Angélica Fuentes y Jorge Vergara, socios y esposos que ahora pelean por quedarse con las propiedades tan pronto termine el divorcio, similar a lo que pasó con el PRD tras la salida de López Obrador, que se llevó en el divorcio amarillo una buena cantidad de militantes, legisladores y votos para formar Morena.

Hay futbolistas de los que se esperaba mucho y no han dado el ancho, como hay políticos de los que se sabía que podrían hacer mejor las cosas pero que, por alguna razón, no resuelven los problemas que les encomendaron. En el primer caso, está Ángel Reyna que tanto en Veracruz como en Chivas ha pasado a ser un jugador más, a pesar de sus dotes, como en el segundo tenemos a Luis Videgaray, quien pese a su preparación en el extranjero no encuentra la forma de hacer que el país crezca como debe.

En la política y en el deporte hay formaciones odiadas, que pese a ello ganan sus desafíos. Como América y el PRI, escuadras que podrían compartir ese lema-desafío de “ódiame más”.

Pero también hay equipos y partidos que por más que participan, se preparan y se dicen listos para la competencia, nomás no llegan a la final, aunque eso no es obstáculo para seguir en el circuito. Si bien los Tecos de la UAG ya desaparecieron, se les recuerda por las contrataciones que realizaban y por no ganar más que un título en su historia, parecido a los triunfos que partidos como el PT o el PARM, el segundo desaparecido, tuvieron en su paso por el sistema político mexicano.

Y qué decir de la televisión y su relación con equipos y partidos. Para nadie es un secreto que América –como en otros tiempos lo fueron el Necaxa y el San Luis– es propiedad de Televisa, o el Atlas y el Morelia son de Tv Azteca –como también lo fueron Veracruz o Chiapas–, como se piensa que el Verde algo tiene que ver con este tema gracias a su telebancada.

El fútbol mexicano ha exportado a jugadores de la talla de Hugo Sánchez o, más recientemente, a Andrés Guardado o Javier “Chicharito” Hernández, como la política lo ha hecho con José Ángel Gurria a la OCDE o, en algún momento, Agustín Carstens en el Banco Mundial.

Y que me dicen de los enfrentamientos verbales o los exabruptos que tanto directores técnicos o dirigentes partidistas han tenido. Todavía recordamos a Pedro Caihixina al frente de los Guerreros de Santos, o las polémicas declaraciones de Ricardo “Tuca” Ferreti como entrenador de los Tigres de la UANL, mismas que rivalizan con dichos de Gustavo Madero al frente del PAN o lo dicho, con motivo de la entrega de la medalla Belisario Domínguez, por Javier Lozano, quien mandó al “carajo” a los inconformes.

Lo dicho, el fútbol y la política en México se parecen mucho, tal vez por eso los malos resultados en ambos ámbitos.

 

 

Twitter: @AReyesVigueras


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