Ni para engañar sirven. Rubén Rocha Moya desafió a la presidenta Claudia Sheinbaum sin pagar las consecuencias. No duró en el cargo y salió vilipendiado, es cierto, pero mantiene impunidad y poder de cara a la sucesión en Sinaloa, de tal suerte que la apuesta oficialista es la continuidad, aunque por cálculo político y diplomático, aseguren que hubo ruptura.
Después del desconcierto de las primeras horas, cuando, por reflejo, voceros del régimen saludaron y respaldaron a Rocha Moya en su lance, se expresó con fuerza la cargada para deslindarse de él y respaldar a la Presidenta, cuyo tuit contra los que anteponen intereses personales no le dejó otro camino al sinaloense que volver a pedir licencia, aunque ni siquiera se refirió a él por nombre. Pero una cosa es la escenificación pública y otra los acuerdos en privado.
La salida abrupta en medio del repudio generalizado no necesariamente significa derrota, pues eso depende de los objetivos que tenía Rocha cuando volvió a su despacho. Por lo pronto mantiene impunidad, la sustituta es de su equipo y, por lo mismo, nadie se extraña de que haya dejado intacto a todo el gabinete, y además la virtual candidata de Morena es también cercana a él.
No es un asunto menor que Rocha Moya haya mandado su carta de retorno, apenas unas horas después del aterrizaje en México del vicealmirante Fernando Farías, proveniente de Argentina. El timing es importante porque los abogados del marino y de su hermano, también detenido, han insistido en que las investigaciones involucran a la almirante Rafael Ojeda, a Adán Augusto López y a Andy López Beltrán.
La extradición de Farías era fundamental para que el régimen controlara lo que éste sabe y evitara fugas de información sobre el huachicol fiscal, crimen que no puede sino involucrar a altas autoridades del gobierno federal. Al final lo expulsaron de Argentina, pero la mini rebelión de Rocha se hizo después de que ya estuviera asegurado el reo y en Palenque tuvieran una preocupación menos.
La intervención de Estados Unidos fue indispensable para que la fiscal de Milei entregara a México al vicealmirante, el cual tuvo una reunión con el FBI antes de abordar el vuelo. Sobra decir que, después de los buenos oficios y del trato que le dio la DEA a Omar García Harfuch en aquella nación, los norteamericanos se sentirían no solo agraviados por el reingreso a la gubernatura de un prófugo de su justicia, también engañados y utilizados. El desplante era inadmisible para la relación binacional.
De seguro Rocha Moya se puso nervioso al pensar sobre el quid pro quo de la entrega del vicealmirante y los elogios de Terry Cole al secretario de Seguridad mexicano, pues el director de la DEA no ha quitado el dedo del renglón sobre la colusión de funcionarios públicos con el crimen. Además, acababan de detener a Fausto Corrales, testigo del secuestro de El Mayo Guzmán y el asesinato de Melesio Cuén en una gasolinera. El arranque para retomar la gobernatura lo hizo sin consulta con la Presidenta pudo deberse a que temió que se había acordado su entrega a Estados Unidos.
La imagen de Rocha Moya quedó vapuleada y el sonsonete de falta de pruebas ya no convence ni a los suyos. Están entrampados: si no hay elementos en su contra por qué no permitirle gobernar y si los hay por qué no lo procesan o entregan a las autoridades norteamericanas. El limbo es el espacio de su crisis.
En percepción, la Presidenta se impuso; pero en los hechos Rocha logró las tablas que requería. La FGR está responsabilizando a Corrales del montaje del asesinato de Cuén sin implicar a la fiscal que lo difundió y no lo van a extraditar. Su equipo sigue gobernando con Graciela Domínguez, desde ahí operará las candidaturas y si gana Imelda Castro tendrá, además de las espaldas cubiertas, las manos en el poder. Y ya vimos a Enrique Inzunza mantener el fuero tras una salida pactada de la bancada de Morena, a la que seguirá apoyando con sus votos.
¿Ese resultado hubiera sido posible sin, al menos, la anuencia de López Obrador, quien ha expresado, por las cartas de él y de su hijo, abierta hostilidad a la colaboración en seguridad con Estados Unidos? Con razón Rocha Moya se esperó a que aterrizara Fernando Farías en México.









