Silencio ensordecedor

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El sacerdote jesuita Javier Ávila, que despliega desde hace muchos años su acción pastoral de defensa de los derechos humanos al lado de las comunidades indígenas de la Tarahumara – en el mero corazón de la sierra de Chihuahua-, definió con claridad meridiana el sentido con el que el pasado fin de semana cerca de mil doscientos chihuahuenses marcharon en silencio por las calles de la capital estatal: “Voy con ustedes en ese silencio que grita corrupciones, impunidades, prepotencias y orgullos gubernamentales”.

El hartazgo ciudadano en relación con la corrupción y el cinismo político del gobernador César Duarte alcanza diversas formas de manifestación y repudio, cuyo cauce principal es el movimiento Unión Ciudadana, una inusitada convergencia política y social de carácter plural que tomó en sus manos el tema de la corrupción gubernamental como el principal problema instrumental del país y decidió salir a las calles a exigir castigo al enriquecimiento ilícito del mandatario estatal, quien carece de actividades económicas que justifiquen la impudicia y ostentación de su multimillonaria fortuna.

Hace mes y medio el corrupto tirano agredió la primera manifestación masiva del singular movimiento chihuahuense al enviar porros y agitadores que luego se documentó eran empleados municipales y estatales (ver en youtube “Los porros de Duarte”); pretendió infundir temor entre la población para desanimar que la amplia irritación social que existe en su contra tomara el cauce de la participación cívica organizada. Pero la táctica intimidatoria – de viejo cuño fascista -, le ha salido por la culata a Duarte Jáquez. No sólo volvió a las calles Unión Ciudadana en un ejercicio de resistencia civil activa y pacífica – que a muchos recordó el inicio de la épica gesta chihuahuense contra el fraude electoral en la década de los ochenta -, sino que logró la mirada de un grupo de observadores nacionales que, a manera de testigos sociales, ha decidido dar seguimiento tanto a la denuncia penal interpuesta en la PGR en contra del Gobernador, como a las acciones y llamados del movimiento.

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Se trata de un grupo de intelectuales, políticos, académicos, activistas de diversas causas, que ven en el caso de Chihuahua una nueva alerta que puede y debe contagiar al país para enfrentar uno de los asuntos más complejos de combatir, por su profundo entramado social y la transversalidad de intereses que atraviesa: la corrupción política. A su etapa constitutiva, el sábado pasado, asistieron Clara Jusidman, Alfredo Figueroa, Teresa y Maricarmen Lanzagorta, Gerardo Fernández Noroña y Ricardo Raphael, éste último como coordinador de este esfuerzo por visibilizar en toda la Nación la dura y compleja tarea que nos hemos echado a cuestas ciudadanos de las mas distintas corrientes ideológicas y actividades profesionales. Desde iniciado el movimiento contamos con la solidaridad de Denise Dresser, Alejandro Encinas y Ernesto Ruffo, a su vez se han sumado otras biografías también de enorme prestigio como Porfirio Muñoz Ledo, Alberto Aziz Nassif, Cuauhtémoc Cárdenas, Rogelio Gómez Hermosillo, Alejandro Madrazo, Carlos Heredia y Jorge Javier Romero.

Observador acucioso de la insurgencia cívica popular en Chihuahua y uno de los más agudos analistas de su época de alternancia, Alberto Aziz Nassif dibuja en renglones el reto y el deber:  “Resulta muy complicado armar esta protesta porque el sistema político se ha inundado de corrupción y de impunidad, dos males de la misma moneda, y los partidos políticos no han estado a la altura para poner un alto. Tan es así que ahora se trata de una convergencia social amplia en donde los partidos no aparecen, sino el vector de una ciudadanía agraviada, una vez más, por la mano impune, hasta ahora, de un gobernante que se queda con los recursos públicos. Nada más despreciable que un corrupto en un puesto de poder, cubierto por la impunidad de un pacto que ha hecho la mayor parte de la clase política para reproducir sus privilegios”.

La complejidad y la adversidad de la causa emprendida y así descrita, en efecto, se confirma en la cotidianidad chihuahuense, pero eso nos obliga más. Sobresale la represión, la censura y la manipulación informativa que por un lado pretende atemorizar, luego acallar y confundir. Al no lograr el efecto del miedo – que los ciudadanos huyan de su responsabilidad – el tirano puso en marcha una estrategia para minimizar y ocultar no sólo la decidida participación de la gente en la marcha, sino el nacimiento del grupo de observación. El área de comunicación del gobierno estatal, literalmente encabezada por un porro, operó para uniformar al conjunto de los medios de comunicación digitales e impresos en una cifra: 200 asistentes. Lo puede hacer porque el gobierno de Duarte destina anualmente 1,108 millones de pesos en gasto de medios. Sin embargo en las redes digitales empezaron a circular fotografías y videos de la marcha y la concentración en la plaza, exhibiendo la burda operación.

No recuerdo en los últimos tiempos un silencio que haya resultado tan ensordecedor en mi tierra. Un silencio que como bien lo dijo Jaime García Chávez – nuestro presidente en Unión Ciudadana – “no es la expresión de la mansedumbre de la sociedad finalmente sometida. No es el progresivo y más lento paso con que abre y cierra la película El huevo de la serpiente, de Ingmar Bergman. Se quiere expresar que aún sin hablar, con la simple expresión corporal, de las bocas amordazadas, las lágrimas en los ojos, la rabia contenida, se le puede decir a la tiranía que ya nos hartó, que no la queremos, que deseamos que se vaya y que estamos dispuestos a lograrlo”.


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