Religión y política I

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Dentro de 12 días, el Papa Francisco arribará a nuestro país. Para la clase política será la ocasión de mostrarnos sus dotes religiosas –aunque en la práctica no cumplan con los ritos de su fe–, con tal de atraer la atención y, en algunos casos, preparar el terreno para las próximas campañas electorales. En el presente contexto, conviene repasar algunos puntos de la relación entre la religión y la política a partir de varios textos partidistas, que nos ofrecerán algunas visiones acerca de este tema, tarea en la que ocuparemos este espacio en la siguiente semana.

Católicos en México

En 1954, Efraín González Luna –fundador del PAN y su primer candidato presidencial en 1952– escribió el libro Los católicos y la política en México, mediante el cual buscó presentar e interpretar los hechos fundamentales de la condición política de los creyentes en esta fe en el país.

González Luna no sólo fue fundador de Acción Nacional, sino uno de los principales constructores de su doctrina, acuñando el término “humanismo político” para denominarla. Al momento de plantear lo que deberían ser los documentos básicos del nuevo partido, en 1939, González Luna se inspiró en la doctrina social de la Iglesia Católica para elaborar muchos de los planteamientos que siguen en el ideario blanquiazul hasta la fecha.

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En el libro comentado, quien fuera también primer candidato azul en busca de la Presidencia de la República, refiere repetidas veces el proceso inhibitorio que el pueblo mexicano venía sufriendo, debido a una serie de normas que en la práctica se convirtieron en sectarias y persecutorias bajo el disfraz de que se mantendrían ajenas a cualquier doctrina religiosa.

Esta crítica la complementa con varias observaciones acerca de cómo el sistema –en referencia clara a lo que significaba el partido oficial y las formas en que retenía el Poder–, mantenía su dominio a través de varias tácticas como por ejemplo el dato de que “sólo la facción en el poder puede, de hecho, asegurar el éxito de las organizaciones sindicales y dispensar los beneficios de la reforma agraria a los campesinos”.

Asimismo, también revisa el papel de la Iglesia Católica en el sistema político mexicano, en palabras que mantienen una sorprendente vigencia: “parece no haberse encontrado la fórmula de traducción a normas concretas y prácticas de los principios que afirman que la Iglesia no es duela ni administradora de los derechos políticos de los ciudadanos constituidos del más valioso patrimonio del pueblo; sino que sólo les toca respetarlos, iluminarlos y orientarlos para su recto ejemplo”.

Efraín González Luna veía en los católicos mexicanos a una fuerza capaz de transformar el destino del país, pues consideraba que “si el pueblo católico no es despertado y orientado para que él mismo, en sus órganos propios y genuinos, bajo una dirección específica y apta, atienda el cumplimiento normal de la función política sin la cual no es posible una sociedad ordenada y libre, no se puede juiciosamente conjeturar el progreso, ni siquiera la subordinación, de aquellas fuerzas”.

Por lo anterior, planteó la necesidad de participar más activamente en política –idea que tenía desde la guerra cristera–, para lograr el cambio que el país necesitaba. “La opción dura en México, pero al mismo tiempo la opción indiscutiblemente obligatoria para los católicos, es el esfuerzo de rehabilitación política de la nación mediante la instauración de un régimen representativo”.

La visión que en los primeros años de vida del panismo, en particular en la década de los años 40, estaba marcada por un sentimiento de persecución.

González Luna expresa bien dicha idea al explicar que “en México, como en todo el mundo occidental, las estructuras espirituales de la sociedad, que necesitan consolidaciones y rectificaciones urgentísimas para que sea posible la instauración de un verdadero orden cristiano, son destructivamente atacadas, con pareja nocividad, por el capitalismo liberal, todavía tenazmente atrincherado en múltiples posiciones, y por la frenética conspiración comunista”.

Como se aprecia, este tipo de visiones marcaron las primeras décadas de actividad del PAN, pero estas ideas se fueron mezclando con otras que dejaban ese concepto de que el enemigo era el capitalismo salvaje y el comunismo, gracias a la llegada de nuevos militantes con otras experiencias de vida, como veremos en la siguiente columna.

Del tintero

Hoy inicia un nuevo periodo ordinario de sesiones en el Congreso de la Unión, en donde cada bancada legislativa llega con una nueva agenda aunque la anterior no se haya hecho realidad. Con todo, se espera una productividad baja pues muchos diputados y senadores estarán más interesados en ser candidatos –dejando a sus suplentes a cargo–, además de que buscarán aprovechar la visita del Papa para llevar agua a su molino, a ver si se les hace aparecer en una foto cerca de Francisco. Y si se pregunta qué pasará con las iniciativas de ley que aguardan dictamen y aprobación, pues esas pueden esperar que el Papa no viene seguido a México.

Twitter: @AReyesVigueras


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