¿Qué sigue para los partidos?

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Una vez que la borrachera y la resaca electorales han concluido, conviene ponernos a revisar los retos y tareas pendientes para los distintos partidos políticos de cara a los desafíos por venir. No sólo se trata de ver que harán en las elecciones del año entrante, y por supuesto en el 2018, sino de analizar en que fallaron –aun los ganadores– y mejorar las áreas de oportunidad que se les presentan, algo que poco suelen hacer nuestros institutos políticos.

Prospectiva

Las tareas de los partidos no se limitan únicamente a lo electoral, por más que éstos buscan centrar sus esfuerzos, presupuesto y atención a este punto, sino que también son parte de un sistema que contribuye a la formación cívica de los ciudadanos, además de ser actores centrales en el debate para encontrar soluciones a los principales problemas del país… al menos en teoría.

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         El problema que tenemos, es que los partidos son vistos como la vía más segura para tener acceso a una candidatura y, de ahí, a un puesto de elección, con todos los privilegios que esto implica. Esta concepción es la que hace que la política sea un lugar lleno de actos de corrupción pues la inversión que se realiza para alcanzar el puesto se tiene que recuperar, por eso también los partidos poco aportan a las soluciones que necesitamos como nación.

         Una elección, siguiendo esta línea de razonamiento, debería ser algo más que una mera competencia para ver quien obtiene la mayoría de los votos, ya que es la oportunidad de revisar programas, estructuras y estrategias para corregir lo que falló en la contienda por conseguir el voto.

         Pero, desgraciadamente, nuestros partidos no se enfocan en ese tipo de procesos de mejora, sino que se encargan de lo inmediato y de alcanzar unos resultados para el corto plazo. La alta rotación de personal, la falta de continuidad en planes y programas, la escasez de autocrítica y una planeación deficiente son las constantes en todos los partidos.

         El PRD, por ejemplo, debería comenzar a preguntarse cómo hacer para que más ciudadanos se identifiquen con sus propuestas pues se supone que muchos simpatizan con la socialdemocracia que dice representar el sol azteca.

         Morena debería comenzar a trabajar en el desarrollo de liderazgos, en particular en las zonas en las que no ha crecido, pensando que no pueden depender eternamente de la imagen de Andrés Manuel López Obrador.

         El PAN, pese a sus triunfos, debería revisar que sucede con sus estructuras en entidades como la Ciudad de México e Hidalgo, pues los resultados colocan a esta fuerza política en el tercer lugar sin alcanzar a representar una opción madura para el electorado.

         El PRI, luego de los malos resultados, debería replantear todo su modelo y preguntarse seriamente si es necesario un cambio hasta de nombre pues corren el riesgo de ir obteniendo peores resultados en los comicios que se avecinen de no corregir el rumbo.

         Los demás partidos dudo que se sometan a este tipo de ejercicios, pues tenemos institutos políticos que les gusta la dimensión que tienen y la posibilidad de aliarse con el PRI o con el PAN o con el PRD en las entidades en las que algunos de estas fuerzas tengan más posibilidades, como es el caso del Panal o del PT.

         El Verde, por su parte, debe estar pidiendo porque el PRI levante pues su papel de secuaz del tricolor le ha permitido crecer en votos y en presupuesto. Es probable que sus esfuerzos se dirijan a la Villa para rezar porque el Revolucionario Institucional reviva en 2017 pues de lo contrario su futuro se volverá más oscuro que una noche sin luna.

         Pero lamentablemente, la posibilidad no pasa por una revisión interna en los partidos, sino por una nueva reforma política que haga más compleja la normatividad electoral, la fiscalización hacia los partidos, el modelo de comunicación política empleado hasta el momento, además de agregar nuevas prohibiciones a la montaña de las mismas que ya tenemos.

         El hecho de que los institutos políticos estén pensando en los comicios del año entrante –al igual que varios de sus militantes en el 2018–, nos indica por donde va el esfuerzo de reflexión al interior de los mismos, lejano de un razonamiento que les permita se algo más que maquinarias electoreras y pasen a formar parte del esfuerzo de la educación democrática que necesita el país.

         Aunque, quizá sea esto lo que buscan pues sus referentes no son personas que contribuyeron a la democracia, sino los caciques que han buscado eternizarse en el Poder. Esto explica mucho de sus acciones y porqué su atención se centra en lo electoral, la verdadera prioridad para nuestros partidos.

Del tintero

Otro debate que deberíamos iniciar, es el que tiene que ver con la participación ciudadana en los comicios recientes. El 30% en la Ciudad de México o el 50% en entidades como Chihuahua debería ser motivo de reflexión acerca de si se puede sostener una democracia con esos niveles de asistencia a las urnas, pues se supone que esto es de interés de todos y no sólo de los militantes o de la llamada clase política.

 

Twitter: @AReyesVigueras


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