Políticas públicas y sucesión presidencial

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No ha habido un intento por distribuir la riqueza.

Algunos políticos son personas de peso y con sustancia,
y otros son cohetes que lanzan una gran lluvia de chispas,
pero las varas secas siempre se vienen abajo
.
John Paul Keating.

 A reserva de ocuparme la próxima semana del informe presidencial, me referiré hoy a algunos cambios en el gabinete.

El Estado mexicano ha sido tradicionalmente indefinido e incongruente en el diseño y aplicación de políticas públicas con una visión de largo plazo. Acusa desajustes en su devenir y confunde planes, principios, normas constitucionales y leyes orgánicas.

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La política exterior ha tenido destellos brillantes, pero también largos periodos de opacidad e incluso de irresponsable autismo. La social ha degenerado, en el mejor de los casos, en una política asistencialista; en el peor, en una política electorera descarada y oportunista. Vemos así cómo, con algunas de las designaciones, Peña Nieto amplía el abanico de opciones.

José Antonio Meade, como secretario de Relaciones Exteriores, fue ajeno en temas fundamentales como los acontecimientos de Venezuela o la agenda con Estados Unidos. Sin embargo, le imprimió un gran dinamismo a esa Secretaría y, cuando menos en las relaciones diplomáticas, se estrecharon vínculos con varias naciones.

La administración de Vicente Fox, por el contrario, sí tuvo grandes logros en esta materia.  El caso Avena, en el que la Corte Internacional de Justicia condenó a Estados Unidos por haber violado obligaciones adquiridas a ciudadanos mexicanos en condiciones de arresto por crímenes en aquel país; no haber apoyado la decisión bélica en Irak en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, votar a favor de la supervisión de la observancia de los derechos humanos en Cuba y lograr el reconocimiento de la matrícula consular en Estados Unidos constituyen logros que corresponden a las mejores tradiciones de nuestra política exterior como muestra de independencia y de respeto a principios fundamentales.

En lo que va de este sexenio, no encuentro ninguna decisión a la altura de las anteriores referencias. Sinceramente, no me entusiasma la designación de Claudia Ruiz Massieu, mujer respetable por su talento y profesionalismo, pero que no encaja en el rol de canciller. Seguramente existe una profunda y justificada irritación en el Servicio Exterior Mexicano.

No ha habido un intento por distribuir la riqueza y los avances para reducir la marginación. Ésa es la más grave falla del Estado mexicano. Por los antecedentes de muchos de quienes han ocupado la Sedesol, ha quedado claro el papel de esta dependencia en la sucesión presidencial. No se ha superado la obsesión de designar sucesor, la preocupación del gobernante saliente de quién debe cuidarle las espaldas. Es algo a lo que se le da prioridad por sobre los deberes institucionales.

Nadie duda de las cualidades del nuevo titular de la SEP. Sin embargo, no olvidemos que en la política educativa se requiere sensibilidad y fina operación, características ausentes en la experiencia profesional de Aurelio Nuño.

De ahora en adelante, el factor de la sucesión estará reiteradamente presente. No nos sorprenda, acontece en todos los sistemas políticos. Sin embargo, sí hay algo que lastima al pueblo de México: por encima del mejoramiento de las políticas públicas —que evidentemente es necesario—, se ha privilegiado el ubicar a los aspirantes en el juego del “tapadismo” que, por desgracia, ha retornado en toda su inmensa parafernalia. Habrá que decirlo nuevamente, las expectativas de la opinión pública de cambios de mayor raigambre, se han visto frustradas. Tiempo habrá para seguir reflexionando sobre estos tópicos típicos.


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