PAN: “Apostar por nuestras siglas” copiando a Morena

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Afectado por algo parecido a un virus de la originalidad, el presidente nacional del PAN, Jorge Romero, ha tratado de recuperar el terreno perdido en materia electoral con discursos en los que enfatiza “apostar por nuestras siglas”, recuperar la esencia del panismo y defender a la patria, la familia y la libertad.

En consecuencia, sus primeras decisiones se limitaron a anunciar el fin de las alianzas electorales con el PRI… para, semanas después, aceptar que se encuentra revisando dicha postura ante la presión de los comités estatales. Estos, al analizar el escenario político de sus entidades, se dieron cuenta de que acudir a las urnas con un aliado es indispensable.

Así, en el proceso interno para definir candidaturas en estados como Sinaloa o Nuevo León se han inscrito priistas, lo que representa el inicio de la conformación de alianzas en dichas entidades. Por su parte, en Chihuahua, el aspirante con más posibilidades de convertirse en candidato a la gubernatura, el alcalde de la capital, Marco Bonilla, mencionó las pláticas que sostiene con el PRI y MC para una eventual alianza en 2027. El tema también se ha puesto sobre la mesa en bastiones panistas como Querétaro.

Pero las incongruencias del dirigente nacional no paran ahí. En varios discursos ha repetido la consigna de “apostar por nuestras siglas” para, a continuación, anunciar que llevarán a cabo un proceso para designar a los “coordinadores de defensa de la patria, la familia y la libertad”. Con esto, el PAN copia la estrategia que Morena ha implementado desde el sexenio pasado para adelantar campañas y evitar sanciones legales.

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La lógica de la dirigencia nacional panista parece ser: “Si a ellos les funciona, ¿por qué a nosotros no?”. Sin embargo, como apuntó en Radio Fórmula el director de Consulta Mitofsky, Roy Campos, mientras Morena logra capturar la atención ciudadana al nivel de una campaña electoral con los nombramientos de sus “coordinadores”, la oposición no ha tenido el mismo éxito.

Se supone que se está apostando por las siglas del partido, pero al mismo tiempo se abrieron las candidaturas a ciudadanos sin militancia. Esto provocó quejas entre los miembros del PAN, quienes temían ser desplazados por externos que cumplieran con requisitos como popularidad o respaldo económico. No obstante, dicha preocupación ha comenzado a desvanecerse al observarse que, de cada cuatro inscritos en el proceso interno, tres son militantes.

A pesar de ello, los problemas en el panismo no terminan ahí. El senador Enrique Vargas del Villar presentó a Víctor Garduño, suplente de un diputado local del PRI en el Estado de México, como prospecto para la candidatura a la alcaldía de San Mateo Atenco. Al mismo tiempo, en redes sociales, el exalcalde de Mérida, Renán Barrera, denunciaba que los candidatos que empiezan a perfilarse en Yucatán pertenecen al grupo del exgobernador Mauricio Vila. Todo esto demuestra que lo que el partido necesita no es apostar a sus siglas, cambiar el emblema electoral, romper alianzas o recuperar su esencia, sino acabar con los vicios internos que merman su competitividad y alejan a la ciudadanía, siendo la llamada “onda grupera” el principal de ellos.

Si el panismo pasó de obtener casi 16 millones de votos en la elección presidencial del 2000 a poco más de 9 millones en 2024, lo que hoy atestiguamos muestra que su dirigencia carece de un diagnóstico adecuado sobre las razones de este desplome. Se trata de un deterioro que no se remontará ni imitando las tácticas morenistas ni pronunciando discursos grandilocuentes sobre la recuperación de algo que dejó de existir hace tiempo.