Ningún partido llega limpio a 2027

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La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE llegó en pleno proceso electoral rumbo a las elecciones intermedias de junio de 2027. Los señalamientos apuntan a triangulación de contratos y servicios, y el escándalo escaló cuando los medios difundieron fotografías de fiestas y encuentros privados organizados por un proveedor del instituto, donde estaba presente Taddei. La pregunta de fondo es si la corrupción desplazará a la seguridad y a la economía como el asunto que defina el voto. Los datos disponibles todavía no lo confirman.

El deslinde presidencial

Sheinbaum dijo que no debe haber ninguna sombra de corrupción en el INE y respaldó que se hagan auditorías. También sostuvo que Taddei no es parte de Morena y que la apoyó el grupo del exconsejero Lorenzo Córdova. La estrategia es clara: convertir un escándalo que ocurre en un órgano autónomo en una herencia del antiguo régimen electoral.

El argumento tiene un punto débil. Fue la Cámara de Diputados, con mayoría oficialista, la que designó a Taddei en 2023. Deslindarse de su trayectoria personal es posible, pero deslindarse de su nombramiento resulta más difícil. La prisa de Palacio por marcar distancia revela además que el costo se considera real, aunque la presidenta lo niegue en otros frentes, como el de los señalamientos por vínculos con el narcotráfico en Sinaloa.

El espejo de Nuevo León

La oposición no puede presentarse como contraste moral. Contra el gobernador Samuel García, de Movimiento Ciudadano, la Comisión Anticorrupción del Congreso estatal aprobó iniciar juicio político. El señalamiento es que habría triangulado fondos públicos por casi mil millones de pesos hacia empresas ligadas a su círculo familiar. A ello se suman las denuncias de Morena ante la fiscalía estatal y la FGR, una de ellas por más de 1,400 millones de pesos. Y hay un hallazgo del propio INE: la madre y los hermanos del gobernador habrían canalizado 114 millones de pesos como financiamiento ilegal de campaña.

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Hay que decirlo con cuidado: son acusaciones y procesos abiertos, no sentencias. Movimiento Ciudadano pidió respetar el debido proceso, y García denuncia una persecución política. Pero el patrón de acusaciones cruzadas daña a ambos lados. Su desaprobación en el estado ronda el 58 %.

Lo que dicen las encuestas

Aquí está la paradoja. Pese a los escándalos, Morena conserva ventaja: 46 % de preferencias para diputados federales, según El Financiero. Otras mediciones muestran una distancia menor. Mitofsky ubica a la alianza oficialista en 41.7 % frente a 35 % de la coalición opositora, y señala que quienes no declaraban preferencia se redujeron y ese voto fortalece a la oposición.

Más revelador es que, cuando se pregunta quién combate mejor la corrupción, Morena obtiene 47 %, muy por encima de MC (14 %), PRI (13 %) y PAN (12 %). Esto sugiere que el oficialismo aún conserva credibilidad en ese terreno. La corrupción solo decidirá el voto si los ciudadanos la perciben como propia del gobierno y no como un vicio generalizado. Hoy la oposición carece de la autoridad moral para capitalizar el tema.

Un riesgo calculable

Los analistas de Banamex advierten que el desgaste por seguridad y corrupción podría erosionar el voto de Morena en distritos competidos, lo suficiente para acercar a la oposición al tercio necesario para bloquear reformas constitucionales. En una elección intermedia, un voto de castigo moderado puede pesar más que uno masivo. La dirigencia morenista parece entenderlo: Ariadna Montiel advirtió que quien tenga certeza de actos de corrupción no será candidato, aunque gane la encuesta interna. Esa promesa tendrá que cumplirse en los hechos.

Una conclusión incómoda

La tesis de que la corrupción dominará 2027 es plausible, pero incompleta. Su efecto dependerá de tres factores: si hay consecuencias judiciales verificables, si el INE recupera credibilidad como árbitro y si algún actor político logra presentarse como alternativa creíble. Por ahora, la corrupción desgasta a todos y beneficia a quien conserve la ventaja de partida, que es Morena.

El mayor riesgo es otro: que la desconfianza hacia el árbitro termine pesando más que cualquier escándalo individual. Con un INE debilitado y un electorado que no distingue colores en la sospecha, la abstención podría convertirse en la verdadera ganadora.

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