Enfrentamientos internos en Morena vuelven a exponer las profundas divisiones que aquejan al partido en Zacatecas. El gobernador David Monreal se encuentra en el centro de una nueva polémica tras los abucheos recibidos durante la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum al estado, en un evento para presentar el Plan Frijol en Sombrerete.
Inicialmente, Monreal aseguró que los abucheos habían sido generados con inteligencia artificial, una explicación que generó escepticismo inmediato. Días después cambió su versión y acusó directamente a tres diputados federales de Morena de haber organizado las protestas de productores agrícolas, sugiriendo motivaciones políticas y ambiciones personales detrás de las manifestaciones.
La reacción fue inmediata y contundente. El diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar, aspirante a la gubernatura de Zacatecas para 2027, negó cualquier involucramiento, se deslindó de las acusaciones y exigió al gobernador que presente pruebas concretas o, en su defecto, ofrezca una disculpa pública. Ramírez Cuéllar lamentó que se busquen culpables internos en lugar de atender los problemas reales del sector: bajos precios del frijol, inseguridad y extorsiones que afectan a los productores zacatecanos.
Sectores cercanos al gobernador defienden que existen intereses orquestados para desestabilizar la administración estatal de cara a la sucesión del 2027. Argumentan que las críticas responden a una campaña interna para debilitar la posición de la familia Monreal, que ha dominado la política local durante años. Por el contrario, legisladores federales y críticos dentro del partido consideran que las declaraciones del mandatario representan una falta grave de responsabilidad. Acusan a Monreal de minimizar las legítimas quejas ciudadanas y de utilizar argumentos que van de la inteligencia artificial a conspiraciones internas para no reconocer fallas en la gestión.
Analistas políticos coinciden en que este choque no es aislado. Forma parte de la creciente tensión por la carrera hacia la gubernatura, donde incluso ha surgido el debate sobre nepotismo y concentración de poder dentro del propio movimiento. Mientras los líderes se acusan mutuamente, los productores agrícolas permanecen atrapados en una crisis económica que parece secundarizada por las peleas de poder.
El episodio genera indignación entre la ciudadanía, que observa cómo un partido que llegó al poder prometiendo unidad y servicio al pueblo se consume en disputas internas, acusaciones sin sustento y falta de responsabilidad. En lugar de ofrecer soluciones concretas al campo zacatecano, los actores políticos prefieren señalarse entre sí, lo que debilita la imagen de Morena y alimenta la percepción de un movimiento fracturado por egos y ambiciones personales.
Este tipo de confrontaciones públicas solo beneficia a la oposición y erosiona la confianza en las instituciones. La exigencia de pruebas o disculpa por parte de Ramírez Cuéllar coloca a Monreal en una posición delicada: demostrar sus afirmaciones o reconocer un error que podría interpretarse como debilidad. En un contexto de sucesión cercana, el caso pone de manifiesto una contradicción incómoda: mientras exigen cohesión hacia afuera, dentro de Morena las rivalidades parecen prevalecer sobre el interés colectivo.






















