Órale, compas, aquí vamos otra vez con la misma canción. Según el Índice de Mujeres, Paz y Seguridad del Georgetown Institute for Women, Peace and Security y el Peace Research Institute Oslo (edición 2025/26), México ocupa el lugar 147 de 181 países. Estamos en el último quintil, apenas arriba de Colombia y muy lejos de Costa Rica o Uruguay, que sí subieron posiciones. Puntaje: 0.558 de 1. En palabras llanas: para las mujeres, caminar sola de noche, sentir seguridad o escapar de la violencia organizada sigue siendo una lotería chunga.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha repetido hasta el cansancio que “ni un feminicidio más”, que impulsará leyes generales contra la violencia, que las mujeres llegan todas a la presidencia y que su gobierno defiende la igualdad sustantiva. Ha presentado iniciativas, ha hablado en el 8 de marzo con tono firme y ha prometido acciones concretas. Respeto el esfuerzo y el discurso, porque al menos lo dice claro. Pero los números no mienten, y aquí la realidad le da un madrazo al micrófono.
Mientras se anuncian reformas y se presume liderazgo femenino, las mexicanas siguen en el fondo del ranking en seguridad. Solo una de cada tres se siente segura caminando sola en su colonia. La violencia de pareja, los feminicidios y la presencia del crimen organizado en el día a día no se resuelven con conferencias ni con spots. El índice mide inclusión, justicia y, sobre todo, seguridad real. Y en ese rubro México se cae de madre.
No se trata de negar avances en paridad o en algunos programas. Se trata de que las cifras duelen: estamos peor que muchos países de la región y del mundo en lo que más importa a millones de mujeres: no tener miedo. El contraste entre el discurso optimista desde Palacio Nacional y el lugar 147 es tan grande que ya ni siquiera da risa; da coraje.
Los gobiernos, todos, tienen que dejar de vender narrativas bonitas y empezar a entregar resultados medibles. Porque mientras sigamos en el penúltimo lugar del quintil de los peores, las frases bonitas suenan huecas. Las mujeres mexicanas no quieren más discursos; quieren calles seguras, justicia que funcione y una vida sin tanto pinche miedo.
Al final, el ranking no miente. Y México, en este tema, sigue reprobado de a devis.




















