Merecido lo tendrán

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Los partidos, candidatos, autoridades competentes y electores somos los actores que hacemos posibles los procesos electorales en México.

Solamente el cabal cumplimiento de todos hará que florezca la democracia.

A los jóvenes podemos decirles —quienes tenemos una larga trayectoria en la vida pública— que debemos ser optimistas. Basta recordar que hace apenas un cuarto de siglo un partido hegemónico preparaba, organizaba, conducía y calificaba los comicios. Los órganos electorales superiores eran la Comisión Federal Electoral —presidida por el secretario de Gobernación— y los Colegios Electorales, ambos con absoluta mayoría del referido partido. Tomaban las decisiones y calificaban los procesos y sus resultados sin valorar las pruebas y evidencias que obraban en los expedientes. Eran, por ley, juez y parte.

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Como podrá advertirse, nada tiene que ver aquella realidad con la que hoy vivimos: la legislación vigente garantiza el trabajo de partidos y candidatos, amplía los causes de participación ciudadana, impone obligaciones rigurosas a los contendientes, principalmente en cuanto al origen y monto de los dineros que utilizan. Tenemos un padrón electoral confiable que limita considerablemente las trapacerías al votar. Tenemos órganos electorales, altamente profesionales, que organizan, conducen, vigilan y califican los comicios, sancionando a los infractores.

Capítulo aparte merecen los medios de comunicación, antes mayoritariamente atrapados por el oficialismo —vía dádivas y persecuciones— y hoy abiertos a la pluralidad. Hay mayor información y conciencia en los ciudadanos, lo que ha permitido la alternancia, así como lo que acertadamente llama Lorenzo Córdova, presidente del Instituto Nacional Electoral, la “sana incertidumbre” en los resultados. En pocas palabras, es válido decir que actualmente los ciudadanos podemos elegir a nuestros gobernantes.

Es verdad que la corrupción que se hallaba en el grupo dominante hoy se ha diseminado, y ello tiene dos explicaciones: una, que los pillos no van a donde no hay poder ni manejos de dinero; otra, que el sistema político mexicano ha sido corrupto y corruptor.

Quienes ayer votaron por candidatos apoyados por gobernantes probablemente ineptos y socialmente considerados sinvergüenzas, deben asumir las consecuencias de lo que les espera, que merecido lo tendrán.  


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