Más Errores Garrafales y sus Consecuencias

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Por: Rafael Morgan

Como dijo Don Gabriel López Palomares cuando le criticábamos algún defecto personal: “sí, pero encuéntrenme otro defecto”; así hubo comentarios respecto a los 4 “errores garrafales” mencionados en el artículo del sábado pasado: “encuéntrenle otro defecto al gobierno actual”, y claro que los hay.

Un quinto error que ha tenido terribles consecuencias en muertes, desaparecidos, extorsiones y pérdida de confianza en las autoridades gubernamentales, es la de la pseudo política de “abrazos no balazos”, porque el gobierno pretende “abrazar” a los delincuentes y éstos sí tiran balazos, pero no precisamente al Ejército, la Guardia Nacional o las policías locales, sino contra los ciudadanos, hombres, mujeres y niños, además de las guerras entre los cárteles entre sí.

El gobierno no está cumpliendo con su obligación constitucional de proteger a la ciudadanía combatiendo a la delincuencia con los recursos legales o la fuerza pública con que cuenta.

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Con esta pseudo política, los delincuentes se han  crecido y han aumentado en número y poder; conquistan territorio en donde las fuerzas del orden no pueden ni acercarse; amedrentan a comerciantes y profesionistas cobrándoles “piso” y amagan a sus familias; se apoderan de explotaciones mineras, forestales y de pesca; se infiltran en los gobiernos y compran o amenazan a funcionarios, jueces y policías; ejercen tranquilamente su oficio de narcotráfico, comprando, importando y exportando droga al extranjero; lavan dinero con o sin políticos corruptos; en fin, se han convertido en un estado dentro del Estado.

Todo esto se propició y se agravó con el mal ejemplo del Presidente con sus actos de condescendencia con delincuentes declarados como El Chapo Guzmán, o como cuando dejó libre en Culiacán al hijo del propio Chapo que ya había sido aprehendido por el ejército y más aún, cuando fue al “ombligo histórico” del narcotráfico, Badiraguato, Sinaloa, a saludar a la madre del mismo Chapo.

Los argumentos para esta irresponsable actuación gubernamental, es que no han funcionado las políticas de enfrentar al gobierno contra los delincuentes; que aprehender o liquidar a los jefes de los carteles lo que hace es que emergen otros varios jefes y que surgen nuevos grupos y que el tráfico y consumo de enervantes por los mexicanos ha ido en aumento; sin embargo, hay una Constitución que se debe cumplir, es más importante y urgente proteger a los ciudadanos, no sólo de los ataques de la delincuencia, sino garantizar la seguridad de vidas y haciendas de los mexicanos de bien, no la de los delincuentes, carteles y narcotraficantes.

Según el Presidente, con su política social de ayudar con subsidios a los jóvenes, los carteles ya no tienen o tienen menos “reservas” de jóvenes en sus filas, lo cual no pasa de ser una ilusa expectativa personal, pues lo que paga el narco a los jóvenes, en dinero, vehículos, mujeres, armas y poder, es mucho más que los pobres subsidios que supuestamente se otorgan, además, el narco “recluta” jóvenes y niños “por la buena o a la mala” obligándolos, drogándolos o amenazándolos.

Esta es una guerra que no sólo la está perdiendo el gobierno, sino que la está perdiendo México y ha dejado en ridículo al Ejército Mexicano y a la Guardia Nacional.

Derivado de esta política de “apapacho” a los carteles, viene la “otra política” de desligar poco a poco al Ejército y a la Guardia Nacional del combate a los delincuentes, es que ahora sobra personal militar, presupuesto y mandos para todo lo que se ofrezca, desde detener, enfrentar y “cuidar” migrantes, hasta construir aeropuertos, bancos del bienestar, ferrocarriles, refinerías, repartir subsidios y vacunas, cuidar edificios e instalaciones, carreteras, vías de ferrocarril y casetas de peaje, encargarse de las aduanas y hacer “tru tru”; mientras, los delincuentes felices actuando afuera o desde dentro de las cárceles, a donde ellos mismos se meten como protección frente a sus enemigos. ¿Y los ciudadanos? Bien gracias, ellos que se cuiden solos.

Aún la creación de la Guardia Nacional se hizo tan mal, que la mayoría de sus mandos y elementos están registrados como miembros del ejército, les paga el ejército, actúan bajo órdenes del ejército, son pues parte del ejército. Se pretendió con esto justificar que el ejército sigue en las calles de México, aunque ahora se llame Guardia Nacional, y los asesinatos siguen: 34,681 en 2019, 34,554 en 2020, y 2021 no pinta mal, en 6 meses más de 18 mil.

Prácticamente 100 homicidios dolosos diarios. Un récord.


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