Mando Único, corrupción única

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¿De qué servirá concentrar la jefatura de la policía en los estados si los superiores se asocian con los delincuentes?

¡Es la corrupción, estúpido! Podríamos parafrasear la certera observación de Carville a Bill Clinton, para señalar el quid de la inseguridad que asola a nuestro país. En la búsqueda del remedio vamos dando tumbos provocados por negligencias y bloqueos cómplices, así, las cosas van de mal en peor. Ahora el gobierno de Peña Nieto ofrece como bálsamo de Fierabrás, la desaparición de las policías municipales y la creación de un modelo de Mando Único.

¿De qué servirá concentrar la jefatura de la fuerza policiaca en los estados si los superiores se asocian con los delincuentes? La pregunta no parte de un supuesto infundado, procede a la vista de tantos horrores conocidos, cuyos botones de muestra son la policía de Iguala y los agentes de la SSP de Veracruz. Municipales los primeros, estatales los segundos; da lo mismo, unos y otros se convirtieron en extensiones uniformadas del crimen organizado.

Es un error colocar el foco de la solución a la inseguridad en la cuestión del mando policiaco porque no se hace cargo de una verdad incontrovertible: el origen del mal está en la corrupción. Como lo sustenta el senador Roberto Gil, la verdadera salida de este trágico berenjenal está en aumentar las capacidades del Estado mexicano para lograr calidad, confiabilidad y eficacia en las instituciones de la seguridad pública. El reto es articular un conjunto de organismos y herramientas alineadas a tal objetivo, con pleno respeto a los fundamentos federalistas y a la libertad municipal.

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El Grupo Parlamentario del PAN en la Cámara de Senadores presentó el 4 de noviembre de 2015 una iniciativa con ese sentido. Propone la reorganización del Sistema Nacional de Seguridad Pública, crear un Instituto Nacional como órgano rector, organizar el Servicio Nacional de Carrera Policial y el Instituto Nacional de Ciencias Forenses. Recoge las experiencias del pasado, asimila y mejora otras iniciativas impulsadas con anterioridad por el panismo y es, sin lugar a dudas, definitivamente muy superior a la que el gobierno y su partido están tratando de sacar a marchas forzadas.

Los senadores del PAN sostienen que para atender correctamente las urgencias en seguridad debe darse trámite paralelo y prioritario a la legislación secundaria del Sistema Nacional Anticorrupción. No se logrará aquella sin el antídoto a la perversión de las instituciones.

No deja de sorprender la repentina conversión del oficialismo en un contingente fervoroso del Mando Único; durante el gobierno de Calderón los líderes tricolores lo atajaron, en la Conago los gobernadores de ese partido, incluido Osorio Chong, que entonces lo era de Hidalgo, veían defectos en donde ahora proclaman virtudes. Como secretario de Gobernación exige a legisladores correligionarios: “Desde el gobierno de la República les decimos que necesitamos esta disposición legal…” Otro singular catecúmeno es el mexiquense Eruviel Ávila, vocero máximo en turno de la mesa redonda del feudoralismo. En la sede del Senado sostuvo: “ es mejor fortalecer 32 policías estatales en lugar de tratar de recomponer las más de mil 800 corporaciones municipales que hoy enfrentan problemas como falta de presupuesto, certificación y controles de confianza…” Todo lo cual es cierto, pero que no se resolverá con el Mando Único y menos aún si tal jefatura exclusiva no queda sujeta a las reglas y la normativa del régimen anticorrupción.

La nueva posición del PRI despierta suspicacias. Apresura lo que antes detuvo. ¿Fuegos de artificio para iluminar el cielo de aspirantes a estrellas en 2018? Sería una burla imperdonable si estos afanes fuesen otra manipulación electorera de la angustia de los mexicanos.


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