Los malos resultados del PRI

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El resultado de las elecciones de las 12 gubernaturas no quedó dentro de lo esperado. El PRI perdió y la promesa de Manlio Fabio Beltrones no se pudo cumplir; él modestamente había prometido ganar 9 gubernaturas como mínimo señalando todas aquellas en donde actualmente gobierna el PRI (Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas) y dejaba abierta la posibilidad de ganar alguna de las que gobierna actualmente el PAN y sus alianzas o de otros partidos (Oaxaca, Puebla y Sinaloa).

Cuando hizo el pronóstico Beltrones (septiembre del 2015) había calculado que podría controlar el viejo estilo del PRI en las elecciones.

Pero al interior de su partido, se enfrentó a un PRI muy dividido, lleno de resentimientos y cuentas políticas por cobrar, grupos locales descontentos que al no ser designado el candidato que apoyaban dejaron de operar a favor de su partido y, en varios casos, se aliaron en secreto o abiertamente a los partidos de oposición. Al exterior –y sobre todo en los últimos meses del 2015 y todo lo que va del 2016–, Beltrones tuvo que tratar de remontar inútilmente las pésimas imágenes que sus gobernadores en Veracruz, Chihuahua, Tamaulipas, Quintana Roo e Hidalgo arrastraban. Justo dos días antes de la elección, y dejándolo sin espacio para maniobrar, se dieron a conocer mediáticamente las graves acusaciones contra el ex gobernador Rodrigo Medina de Nuevo León y 30 de sus secretarios, amigos, empresarios y familiares que, se dice, están involucrados en supuestos hechos de corrupción. Este evento revivió en la mente de los ciudadanos la cantidad de gobernadores corruptos, perseguidos por la ley y en la cárcel que tiene el PRI.

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Todo esto indudablemente influyó en el ánimo de los votantes.

El peso muerto de los gobernadores –pasados y actuales– por sus truculentas historias obligó a Beltrones a apostar por el voto duro tricolor y de sus aliados, apoyándose en el abstencionismo, la fragmentación del voto –en parte, gracias a la aparición de un nuevo partido ¿aliado? Morena–, que a la larga fue una muy mala estrategia, pues en Veracruz, Morena convirtió al PRI en la tercera fuerza política y la guerra sucia que pretendía generar puntos negativos en la personalidad de los candidatos de la oposición, se revirtió en contra de Duarte, Yunes y Beltrones.

El mismo día de la elección recurrió a rumores y amenazas telefónicas a sus contendientes y ciudadanos que podían votar en contra. Arrestó o mantuvo inmovilizados a tres senadores del PAN: Fernando Yunes en Coatzacoalcos, Veracruz, y en Cancún, Quintana Roo, a Daniel Ávila y Jorge Luis Preciado.

Disparos en una casilla en la entidad jarocha, bombas molotov en Zacatecas y Veracruz, robo de 2 mil boletas electorales en Durango, fueron algunos de los intentos desesperados del PRI por detener su estrepitosa caída, en una jornada que resultó desastrosa para este instituto político, para Peña Nieto y, en especial, para Beltrones.

Ahora, el dirigente tricolor se enfrentará a un Revolucionario Institucional molesto, pues ganar 5 de 12 deja al partido muy mal parado de cara al 2018, pues de todos es sabido que en las elecciones para elegir Presidente de la República cuenta en demasía la operación política de los gobernadores en sus estados.

Ahora la oposición controla un 53% de las gubernaturas del país y el PRI se tiene que conformar con un 47% lo que lo coloca en una situación muy complicada dado que en el 2017 se renuevan otras 3 (Coahuila, Estado de México y Nayarit) y si la tendencia sigue igual, la caída del PRI para el 2018 será la más estrepitosa jamás soñada, pues la oposición –PAN, PRD y los que se sumen– controlaría entre el 56% y el 59% de los estados del país.

A final de cuentas el saldo de Beltrones en la dirigencia del PRI se puede calificar como malo. En las entrevistas que ha concedido a la prensa, reconoce que los resultados son trágicos y que hay que aprender de lo sucedido, pero lo cierto es que Peña Nieto no puso a Beltrones como presidente del PRI para que aprendiera, lo puso porque era el mejor y sabía cómo resolver las elecciones.

El futuro inmediato para Beltrones y su grupo enfrenta una salida rápida de la dirigencia del PRI y despedirse de su sueño secreto de llegar a la Presidencia de la República o, bien, que Peña lo mantenga porque los tiempos quedarían muy ajustados pero haciendo cambios mayores en la estructura del grupo del sonorense, perdiendo mucho de su poder político y luchando en dos frentes: uno, resolver el problema electoral para el 2018 y, por el otro, frenar el encarnizado golpeteo político que todos los grupos agraviados del PRI le harán.

Para el PRI un cambio en la dirigencia va a representar un periodo largo de ajustes y reacomodos, en donde el reloj será un factor despiadado de presión para quien tome las riendas de ese instituto.

Peña Nieto tendrá que colocar a un operador político que pueda recomponer la imagen tan deteriorada que su administración tiene, lo que es ya casi imposible, además de recuperar la confianza de la ciudadanía.

 

Los otros frentes

Para Ricardo Anaya del PAN, el resultado fue un triunfo contundente que lo pone de lleno en la competencia para 2018. Hay que reconocerle que manejó prudentemente la situación, pero no deben enorgullecerse y aceptar tanto elogio porque mucho del triunfo se lo deben a los errores del PRI.

Para Agustín Basave del PRD, los triunfos en alianza y los números que aportó para estos triunfos lo ponen en una posición débil y, de nuevo, en medio de la tormenta interna que se avecina pues el futuro del sol azteca se dibuja como un partido satélite muy al estilo del antiguo PPS ¿se acuerdan de ese partido rémora del PRI?

Morena y su dueño, Andrés Manuel López Obrador, fueron de los ganadores porque subieron en esta segunda elección en donde participan, sus resultados sobrepasaron lo que los analistas les habían concedido y se redimensiona su fuerza política ahora en dos estados que tienen una muy alta densidad de votos.

El PAN dio la sorpresa, se consolido ante el electorado como la alternativa viable y hay que reconocer que Ricardo Anaya demostró que puede dirigir exitosamente a su partido. Ganar 6 o muy probablemente 7 gubernaturas no es poca cosa, sobre todo porque nunca en la historia del PAN en una elección se habían ganado tantos estados en unos comicios, el máximo histórico eran 3 gubernaturas ganadas en una misma jornada electoral.

Si el PAN no ganó más, simplemente fue porque donde perdió –y tenía posibilidades de ganar– los candidatos y sus grupos de trabajo siguen cometiendo los mismos errores de siempre. En Tlaxcala se repitieron los eternos esquemas perdedores y eso limitó el crecimiento de una candidata que tenía oportunidades de poder hacer la diferencia, además de ser la segunda vez que competía para el puesto.

Los estrategas se quedaron miopes y no vieron más allá de sus narices y repitieron los mismos errores que la primera vez que contendió Adriana Dávila a la gubernatura. El discurso fue plano, poco convincente y muy poco diferenciado de los demás candidatos, dirigido a un pueblo que ya está cansado de oír las mismas promesas vacías y sin fuerza. La votación de un estado muy pequeño quedo dividida y no haber ido en alianza –ahora podemos decirlo– fue un gran error inducido por dos egos irreductibles. La propuesta de Adriana Dávila quedó empantanada y sin diferenciarse de las otras dos candidatas.

El duelo entre las abanderadas fue inútil y desgastante. Adriana Dávila queda en tercer lugar y Lorena Cuellar en segundo, porque no lograron entender que esta campaña no era una pelea de egos. No lograron arrancarle al abstencionismo los votos que necesitaban para ganar.

En la Ciudad de México, desde antes de la conformación de las planillas que competirían en la elección a la Asamblea Constituyente, los números resultantes ya se conocían: Morena ganaría y el PRD sería la segunda fuerza política de la Ciudad dejando, en tercer lugar, al PAN en una votación en donde el abstencionismo llegó a más del 70%.

En el ciberespacio la cosa fue diferente, la pésima cobertura en redes que se caracterizó en pugnas entre seudomilitantes partidarios –alguno que otro se hace llamar como «líder»– y todos los otros grupos de espontáneos que se pelean en ser los verdaderos dirigentes de la opinión que representan a los candidatos, dieron la imagen de estar en pugna sorda y de muy bajo nivel entre ellos; lograron dar la impresión de una campaña dividida, densa y llena de insultos hacia los votantes y entre los mismos grupos de una fauna tan variada que a cualquiera alejaría de cualquier proceso electoral y, por ende, de sus candidatos.

Ay Margarita, si estos community managers espontáneos que se dicen panistas van a dirigir tu campaña en redes…

 

@EnriqueDavilaV


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