López Obrador cree que los mexicanos que votaron por él son estúpidos

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El presidente López Obrador y varios de sus secuaces están convencidos que los 30 millones de mexicanos que votaron por él, en las pasadas elecciones, son estúpidos.

Esta afirmación podría parecer exagerada, porque existen muchos argumentos que tratan de explicar la o las razones del por qué ganó las elecciones. Estas explicaciones varían desde las muy sesudas hasta las verdaderamente ridículas, pero lo cierto es que los votos están ahí y el #AbueloObrador es el Presidente de la República.

Pero el tema de este escrito no es si ganó o no las elecciones, el tema es que las excusas que el presidente y la gente de su gobierno tratan de ofrecer a los ciudadanos cada vez que cometen un error –situación que es alarmantemente muy frecuente–, son creadas a bote pronto ofreciendo en las mañaneras –o en las conferencias de prensa demenciales– discursos de justificación que a todas luces no buscan ofrecer argumentos sensatos que puedan convencer a los ciudadanos de la seriedad y profesionalismo de los análisis hechos antes de la toma de decisiones, lo que buscan es que sus votantes hagan a un lado la inteligencia y «crean» que lo declarado por el anciano presidente y sus secuaces son dogmas incuestionables, solo por el simple hecho de que el presidente y los miembros de su gabinete se creen diferentes, iluminados, poseedores de la neta del planeta o simplemente creen que no se necesita mayor argumento que señalar como culpable a quién sea –de preferencia a Felipe Calderón–, para justificar sus tonterías.

Creen tener la receta perfecta para lidiar con la desconfianza de los ciudadanos y quien se atreva a cuestionarlos será acusado de conservador, fifí, miembro de la mafia del poder, creen que si lo repiten muchas veces la mentira se volverá realidad y si aún así los cuestionamientos persisten entonces el presidente saca su arma secreta, la frase que ya todo mundo conoce: «cuando los otros gobernaban no dijeron nada, pero ahora si hablan», acusando de complicidades pasadas a aquellos que insisten en señalar los errores de su gobierno.

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Ya son tantos los errores, que las justificaciones del gobierno –como ya lo dijimos líneas arriba– son cada vez más ridículas y en la gran mayoría de los casos rayan en la estupidez.

Culpan a enemigos inexistentes, señalan que hay conspiraciones maquiavélicas que buscan descarrilarlos y siempre confían en la corta memoria de los ciudadanos, repitiendo que «antes era peor».

Siempre los fracasos del gobierno actual son producto de enemigos que nadie ve y que el mismo gobierno no sabe ponerles nombres, no les puede encarcelar o decir exactamente de que se les acusa, solo son fantasmas que sirven para tratar de engañar a los más indefensos que son las clases sociales menos favorecidas y que en su mayoría, engañados, ejercieron su derecho a votar dando su sufragio al ahora presidente.

El presidente ya va a cumplir un año y en tan corto tiempo el mismo ya ha logrado descarrilar a su propio gobierno.

Pifia tras pifia y mañanera tras mañanera, tratando de justificar y convencer a la prensa que le es hostil o cuando menos mantiene algún vestigio de profesionalismo periodístico, el ahora presidente enfrenta un escenario no muy favorable.

A pesar de todos los esfuerzos del mandatario, el sentido común de la población reconoce un gobierno débil, sin estrategia, contradictorio, mediocre, cobarde y poco capacitado quien además se maneja visceralmente y con base a ocurrencias.

Los ciudadanos reconocen a un gobierno que está más preocupado por escribir epopeyas fantasiosas que lo eternicen en las páginas de la historia, que en resolver los verdaderos problemas del país.

Ya es común oir en los centros de trabajo o en las reuniones de amigos bromas inspiradas en las patéticas frases del presidente para justificar sus errores.

Pero nada de esto parece perturbar al #AncianoPresidente, en el mundo paralelo en el que él vive la idea principal es que el pueblo que votó por López es estúpido y que con cualquier justificación, por más irracional o demencial que sea, será suficiente para calmarlo e impedirá que pueda razonar. Está convencido que cualquier estupidez que salga de él será aceptada sin cuestionar.

Pero la realidad de la que tanto huye el inquilino mesiánico de Palacio Nacional, poco a poco va mostrando su perturbadora presencia cada vez con más frecuencia. Veamos:

La estrategia del populista de regalar dinero y trasladar las culpas a sus enemigos se va agotando muy rápido, en la vida real las arcas del gobierno se vacían más rápido de lo que esperaba y no pueden captar el dinero suficiente para mantener el despilfarro. Los precios internacionales del petróleo bajan, la producción mexicana del oro negro sigue bajando a pesar de todos los esfuerzos y el dinero que se ha destinado para encontrar los «mares de petroleo» que la febril imaginación de nuestro gobernante sueña; la recaudación fiscal baja gracias a las políticas absurdas y abusivas del gobierno, la inversión nacional y extranjera disminuye día a día por la falta de garantías, el turismo baja por miedo a la inseguridad, las obras de infraestructura paralizadas, en el sector salud escasean los medicamentos e insumos en donde los únicos perjudicados son los más pobres, una pérdida constante del poder adquisitivo de la ciudadanía, entregar a la CNTE la educación de los mexicanos ignorando el descomunal daño que por décadas se ha infringido a los niños de los estados controlados por la Coordinadora, los delincuentes empoderados y dueños de extensos territorios en donde solo ellos son la ley.

En Texcoco, tirar a la basura una costosa obra de infraestructura que ciertamente beneficiaría al país y que por berrinche sustituye por una obra mediocre que ni siquiera tiene diseño ni autorizaciones nacionales e internacionales en Santa Lucia.

Los estados gobernados por Morena han perdido miles de empleos y no los pueden recuperar. La muerte de la gobernadora poblana Martha Erika Alonso y un senador de la república, Rafael Moreno Valle, ha generado muchísimas sospechas en donde el autor intelectual podría ser el Estado.

Criminalizar a los reporteros que hacen preguntas incómodas al presidente llamándolos fifis o conservadores.

Generar una crisis cada vez más profunda en México, mientras presume tener otros datos que nunca se ha atrevido a mostrar.

Más de 26 mil muertos en lo que va de su sexenio, su primer año.

Pueblos enteros que han perdido su crecimiento, su capacidad económica, sus comercios.

Unas fuerzas armadas que han sido humilladas intencionalmente, al grado que se han convertido en el hazme reír en todo el mundo, las imágenes son contundentes, pobladores, huachicoleros, maleantes, todo tipo de hampones pueden desarmar y someter a un ejercito al que hasta hace un año se le respetaba.

Y como cerezas del pastel, los mexicanos hemos sido testigos de cómo Obrador ha cedido en todas y cada una de las demandas de Donald Trump; un tratado de Libre Comercio que beneficia a los americanos y lo más ignominioso, Obrador ha cedido en construir un muro como lo desea Trump, un muro compuesto de paramilitares llamados ahora Guardia Nacional encargados de impedir que los migrantes se acerquen a la frontera del país del norte.

Al contrario de lo que cree el presidente, los ciudadanos no son tontos y les enoja mucho que les quieran ver la cara.

Si López no cambia su estilo de gobernar, la realidad destruirá su mundo de fantasías con un costo muy alto para el país y no valdrán de nada las encuestas, las cuales solo tratan de mantener contento a un presidente delirante, ajeno a la realidad y que menosprecia a sus gobernados.

@EnriqueDavilaV

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