Lo que les salió caro fue solapar la corrupción

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A Madero se le olvidó la postura que él mismo definió en 2014 sobre cuál debía ser el papel de la oposición con Peña: “Colaborar con todas las fuerzas políticas”.

¿De dónde saca el líder del PAN el diagnóstico de que le salió caro “el chistecito” del Pacto por México a su partido? Gustavo Madero, que no se cansó de repetir que apoyaba el Pacto porque había que hacer realidad las reformas que los gobiernos panistas durante muchos años trataron de sacar adelante, se arrepiente de lo mejor que ha hecho en su carrera política. Patético. Se trata de una lamentable lectura con consecuencias negativas para la cooperación futura entre los partidos.

En su momento, muchos aplaudimos que el PAN no hubiera tenido una actitud vengativa y mezquina frente al gobierno del PRI. Si durante dos sexenios los priistas bloquearon las reformas que los panistas intentaron sacar adelante, ahora los panistas, desde la oposición, mostraban una saludable generosidad frente a Peña dándole sus votos para apoyar una agenda reformista. Pero ahora Madero piensa que la generosidad le costó al PAN en las urnas. ¿La mezquindad hubiera tenido mayores frutos? ¿El bloqueo a las propuestas de Peña, que durante años trataron de sacar adelante los gobiernos de Fox y Calderón, les hubiera granjeado más votos?

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No lo creo. El líder del PAN se equivoca. El Pacto por México no fue el “chistecito” que le costó caro. Lo que les salió carísimo fue no haber roto con Peña cuando explotaron los escándalos de las casas del Presidente y su círculo cercano. Porque una cosa es cooperar con un gobierno constructivo y otra es solapar la corrupción. No veo por qué lo primero lleve a un castigo en las urnas; lo segundo, sí.

A Madero se le olvidó la postura que él mismo definió en 2014 sobre cuál debía ser el papel de la oposición con Peña: “Colaborar con todas las fuerzas políticas para modernizar y democratizar a México es parte de nuestra responsabilidad social […] competir con el partido en el gobierno, ganar elecciones, seguir impulsando la transición política inconclusa es parte de nuestra responsabilidad política […] denunciar las acciones de los gobiernos que utilicen recursos y programas sociales, para defender la equidad política y la democracia, es parte de nuestra responsabilidad ética”. Para el líder panista, “colaborar, competir y denunciar” no eran “acciones excluyentes, sino complementarias” de la oposición. En su momento dije, y sigo sosteniendo, que esta visión me parecía atractiva e interesante. Pero a Madero se le olvidó la responsabilidad de denunciar cuando salieron a la luz pública una serie de casas muy sospechosas del grupo gobernante. En lugar de romper con Peña y exigirle cuentas desde el Congreso, con una comisión investigadora, los panistas se quedaron callados. Penoso que esos días no haya habido una oposición verdadera. Porque el otro socio del gobierno en el Pacto por México, el PRD, también guardó silencio. En el colmo, el presidente de la Cámara de Diputados, el perredista Silvano Aureoles, dijo que el tema de la Casa Blanca de Peña era un asunto privado.

Algún día tendrán que explicarnos las dirigencias del PAN y PRD por qué su silencio frente a las casas de Peña, Videgaray, Osorio y Miranda. No dudo que los priistas los hayan amenazado con sacar a la luz pública los casos de corrupción de panistas y perredistas. No lo sé. Lo que sé es que la conclusión de que fue el Pacto por México lo que les salió caro es patética. Ahora resulta que cooperar para sacar adelante reformas que ideológicamente apoyan es malo desde el punto de vista electoral.

En este sentido, tiene razón el dirigente nacional del PRD al rechazar la conclusión de Madero: “se equivoca al arrepentirse hasta de lo bueno que hicieron”. En la misma entrevista, Carlos Navarrete finalmente endurece la postura del PRD frente al gobierno de Peña: “habrá una actitud más claramente opositora en las cámaras. Se acabaron las cortesías políticas y los acuerdos”. Se tardaron. La denuncia, endurecimiento y rompimiento con Peña debió haber ocurrido en noviembre cuando estallaron los escándalos de las casas. Ahí es donde nos hizo falta una oposición vigorosa. Eso es lo que el electorado les cobró en las urnas y no la cooperación constructiva del Pacto por México. En el caso de Madero, traicionó su propia doctrina opositora al no denunciar a tiempo la presunta corrupción gubernamental. Ahora le echa la culpa a lo que mejor ha hecho este hombre en toda su trayectoria política: colaborar para sacar adelante reformas importantísimas para el país. Qué vergüenza que así lo vea.


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