Licencia y prudencia

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Para EL UNIVERSAL en su 98 aniversario

 

Para no ser monotemático me había propuesto no comentar por algún tiempo en mis colaboraciones quincenales temas relativos al PAN. En los primeros días de septiembre salió a la luz mi libro Acción Nacional ayer y hoy. Una esencia en busca de futuro (Grijalbo), consideré que las claves de interpretación de lo que ahora ocurre en el instituto político en el que milito desde hace 44 años están en sus páginas.

La licencia que el 30 de septiembre le concedió la Comisión Permanente del Consejo Nacional (CPCN) a Gustavo Madero para separarse de la presidencia del Comité Ejecutivo del PAN, a fin de habilitarlo para que participe en el proceso interno y obtenga una candidatura a diputado federal, y compita en las elecciones de 2015, me hizo modificar aquel propósito.

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Es un hecho importante para la vida del PAN que despertó numerosas interrogantes en la opinión pública. Considero pertinente compartir con los lectores las reflexiones que aduje ante el órgano —la CPCN— que obsequió ese permiso de separación temporal; lo hago para evitar las malas interpretaciones, la deformación de mi posición y eventualmente se utilice para la lapidación del partido y de su transitorio ex presidente.

Es del dominio público que voté en contra del otorgamiento de la licencia —hubo un voto adicional en el mismo sentido y dos abstenciones—, la mayoría la apoyó. Lo fundé en las siguientes razones:

Los nuevos estatutos aprobados en la XVII Asamblea Nacional (marzo-agosto 2013) y los reglamentos correspondientes, prescriben que todo dirigente que aspire a una candidatura debe separarse del cargo 90 días antes de la elección interna para evitar inequidad; por tanto, la solicitud de Gustavo Madero está apegada a nuestras normas. No expuse ninguna objeción al respecto.

Tampoco debe ser motivo de crítica que el líder nacional de un partido político aspire a una curul. Eso es lo natural en todos los partidos de todos los países con sistema parlamentario o presidencial. No rompe ninguna regla democrática ni transgrede las buenas prácticas políticas. En el debate se recordaron los precedentes que para el caso existen en Acción Nacional: los presidentes Alfonso Ituarte Servín, Adolfo Christlieb Ibarrola, Manuel González Hinojosa, José Ángel Conchello y Abel Vicencio Tovar, fueron legisladores y líderes de las bancadas de los diputados panistas simultáneamente al ejercicio de sus responsabilidades en el puente de mando de la organización partidaria.

¿Dónde está, entonces, mi reparo a la solicitud de licencia? En su imprudencia. Gustavo Madero es el primer presidente en la historia del PAN electo por el voto directo de los militantes (18 de mayo). Separarse del cargo cuando apenas lleva cuatro meses y 12 días en esa nueva condición no contribuye a estabilizar la vida interna del PAN. Nuestra organización está urgida de conciliación y reencuentro entre las diversas sensibilidades que bullen en sus filas. La licencia envía una señal contraria a ese bien institucional, justo en los prolegómenos de la batalla política de 2015 en la que el partido debe ir compacto y fuerte si quiere recorrer el camino triunfador que el propio Madero ofreció como programa para ganar su reelección.

En el liderazgo político la prudencia es “ la reina de los valores” porque es la que da forma a otros. Se define como la capacidad del dirigente para analizar y comprobar información antes de tomar una decisión, evaluando sus consecuencias remotas y los efectos próximos que tendrá en la institución que se tiene el deber de proteger por encima de los intereses y proyectos personales, así estos sean legítimos y legales.


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