La Presidencia y las tunas

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Algunos amigos míos, avezados en cuestiones políticas, estudian la conveniencia de proponer cambios legales, referidos a la elección presidencial, para que cada partido pueda acreditar hasta tres candidatos para ese cargo.

Así, los electores votarían por el candidato de su preferencia, y esos votos se sumarían a los de sus compañeros de fórmula, siendo el total de ellos para el partido que los postuló.

Ganaría el partido con mayor votación, y su candidato que obtuvo más votos en lo individual sería el Presidente de la República.

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A esa posible innovación sus simpatizantes le hallan diversos beneficios, entre ellos:

a. Sería menos traumática la lucha interna para la postulación de candidatos al tener cabida tres por partido;

b. Serían mayores las opciones para el electorado;

c. Las fuerzas y simpatías de cada candidato producirían mayor entusiasmo y participación de los ciudadanos.

d. Cada candidato competiría contra los de su fórmula y los extraños, enriqueciéndose el debate, y sería ganador el mejor calificado.

Esta propuesta debe rechazarse, entre otras razones por las siguientes:

a. Los ciudadanos involuntariamente podrían contribuir con su voto a que llegara a la Presidencia otro candidato de la fórmula a la que pertenecía el suyo, y por el que jamás votarían por considerarlo nefasto;

b. Podría resultar Presidente un candidato con menos votos en lo individual que otro u otros de distinta fórmula, y llegaría al cargo sin legitimidad democrática;

c. Los partidos hacen su mejor esfuerzo para postular a los llamados candidatos de unidad. Más allá de que, en muchos de los casos, esos tales candidatos resultan elegidos por el dedo divino, sea del Presidente, del gobernador o de la cúpula partidista, sin que los militantes sean tomados en cuenta, y solo les queda participar en lo que podría llamarse un contrato de adhesión, lo cierto es que las instituciones superan así el desgaste que frecuentemente les deja la confrontación interna para decidir sus candidaturas. Imagínese usted la carnicería entre candidatos de la misma fórmula, en una elección constitucional, en la que la lucha más cruenta y cuerpo a cuerpo se daría, inevitablemente, entre ellos, buscando cada uno alcanzar más votos que sus correligionarios para poder triunfar.

d. En México tendríamos —dependiendo de los partidos que pierdan el registro— cerca de 20 candidatos a la Presidencia de la República en la próxima elección, más un número incierto de independientes. O sea, en la Torre de Babel —o en la Arena México— un mazacote de todos contra todos, y la autoridad electoral organizando debates, verificando el comportamiento, la publicidad y los gastos de campañas de cada competidor.

Mayor locura y aberración que las halladas en esa propuesta, imposible. Por eso Uruguay más tardó en implantarla que en suprimirla. La reacción de los uruguayos nos recuerda lo que comentan los rancheros; se lo diré suavecito: el que se enferma con tunas, nomás ve nopales y le tiemblan las… corvas.


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