La Expectativa Social y el Orden Constitucional

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A la memoria de Juan Molinar Horcasitas, amigo, politólogo y patriota.

 

A efecto de estar ciertos hacia donde transitamos, es menester escudriñar los cimientos del pasado, evocar las experiencias registradas en los anales de la historia y aprender de ellas, para evitar el tropiezo nuevamente con la misma piedra.

Son momentos para recordar los ideales que inspiraron grandes movimientos sociales, aunque ahora -salvo algunos destellos-, se perciben extraviados en la espesura de la confrontación electoral.

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Si bien es una verdad de Perogrullo, que nos encontrarnos en la modernidad del siglo XXI, con todo lo que ello entraña: acceso a la información, a las nuevas y avanzadas tecnologías y a los mecanismos de comunicación, también lo es que atravesamos por una etapa donde existe un real escepticismo social, cuya identificación con el pasado no se puede atribuir a una mera coincidencia, sino a los rasgos -en cada época-, similares.

 

En su momento, don Emilio Rabasa, jurista connotado, político y escritor, a principios del siglo pasado, daba cuenta de ello, señalando que la precariedad institucional y la frágil estructura social, aunada a una incesante búsqueda de nuevas formas de organización constitucional, frente a la inequidad y desigualdad, junto a ostensibles prácticas de corrupción, fueron elementos motivadores para instaurar un poder presidencial absoluto a efecto de lograr el control y la hegemonía.

 

En su momento don Manuel Gómez Morín, de privilegiada mente e inteligencia, fundador del Partido Acción Nacional, impulsó la creación de instituciones, particularmente pugnó por la autonomía del Banco de México, en tanto que concebía la estructura de la organización política del país como un andamiaje institucional sin la dependencia de caudillos, cuestión aún no superada.

 

Aún nos encontramos pese a sustanciales avances, luchando por consolidar las grandes concepciones jurídicas, políticas y sociales, frente a quienes siguen impulsando tendencia regresiva de concentración del poder inclusive con las consabidas facultades metaconstitucionales.

 

Mientras ello ocurre, se observa un clima enrarecido con presencia de grupos violentos, corrupción, inequidad y desigualdad, que ha causado una preocupante erosión del tejido social, no obstante se escuchan los ecos que reclaman limpiar la vida pública y abrir las posibilidades de una redención política.

 

La presente etapa trae consigo variantes importantes, en tanto que permita el paso a un verdadero régimen constitucional o, bien, quedarnos atrapados en el linaje de los caudillos sexenales.


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