Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Claudia Sheinbaum lleva un par de semanas insistiendo en su fortaleza. No es que se lo pregunten o cuestionen, es algo que ella ha querido remarcar desde que la indignación social irrumpió en las redes y en las calles por el asesinato de Carlos Manzo y la negligencia del gobierno federal que lo abandonó a su suerte mientras combatía frontalmente al crimen.
Las cosas no han mejorado, pues el ex presidente López Obrador se vio obligado a salir de las sombras donde opera para pedir el respaldo a la Presidenta, dejando abierta la puerta de su regreso a la vida pública, convocar a movilizaciones, si siente que peligra la hegemonía de la coalición gobernante que lo obedece a él.
La reaparición se da después de la brutal represión policiaca contra manifestantes pacíficos y transeúntes el 15 de noviembre, usando de pretexto la provocación violenta del llamado “bloque negro”, cuya impunidad y libertad de acción solo puede explicarse por la complicidad oficial; después del cierre de carreteras por parte de campesinos y transportistas que evidenciaron ingobernabilidad y falta de operación política para atender con anticipación demandas justas y razonables; y después del escandalo desatado por la victoria de la mexicana Fátima Bosch en Miss Universo, el cual acabó rebelando que al dueño del certamen y contratista de Pemex, el también mexicano Raúl Rocha, le reconocieron el status de testigo colaborador un día antes de la coronación -declarándose culpable de tráfico de drogas, armas y huachicol-, evitando con ello la cárcel.
El retorno de López Obrador al reflector es el mensaje. Lejos de confirmar que Sheinbaum tiene la fuerza y el control que presume, indica lo contrario. El antecesor tuvo que reaparecer públicamente para poner orden internamente y amagar con volverlo a hacer para advertir a propios y extraños que está en disposición de dar la batalla callejera para defender el inmenso poder acumulado que considera su patrimonio, aunque al hacerlo confirmó la debilidad de la mandataria.
El maximato asomó ufano la cabeza, con su hinchada megalomanía, identificándose con la “Grandeza” de manera poco subliminal, mientras el país cruje y la suciedad se desparrama por todos lados. No niega la crisis, la confirma; lo mismo que el desaseado e intempestivo asalto a la FGR.
El régimen se apoderó a la mala de una instancia que ya tenía en sus manos, pero que se daba algunas licencias y actuaba con cierto margen de maniobra, en función de intereses y venganzas personales. El obradorato, al borde de un ataque de nervios porque tienen mediciones de la creciente inconformidad, quiere el control absoluto de la procuración de justicia para afinar su utilización como arma política. A eso llega Ernestina Godoy.
La filtración de expedientes sobre huachicol fiscal, La Barredora y el dueño de Miss Universo abrieron grietas dentro del régimen porque exhibieron complicidades al más alto nivel, pero sin consecuencias legales. Por un momento parecía que la Presidenta podría deshacerse de algunos de sus lastres heredados del sexenio pasado. No sucedió, la acumulación de conflictos y el miedo a que el Movimiento de El Sombrero se extienda más allá de Michoacán para exigir seguridad, propició un cierre de filas en el oficialismo, el cual se expresará el 6 de diciembre en el Zócalo. La unidad en Morena se amalgama con impunidad. A eso también llega Ernestina Godoy.
No cuidaron las formas. A Gertz Manero lo sacaron a la fuerza, simulando una renuncia bajo la amenaza de remoción. Le llamaron “causa grave” al ofrecimiento de una embajada como consolación. Para tomar de inmediato posesión de la FGR, hicieron nombrar a Godoy como fiscal especializada en Control Competencial: Así recayó en ella el interinato y pudo remover titulares de áreas sensibles y nombrar en su lugar a cercanos. ¿A qué se debe tanto miedo? Gertz fue fiel sirviente de AMLO.
Para aceptar como testigo colaborador a Raúl Rocha, éste tuvo que confesar delitos más graves y señalar a implicados de mayor jerarquía. El tráfico de drogas, armas y combustible por Centroamérica era uno de los giros de La Barredora. ¡Otra vez Tabasco!




































