Javier Corral: el PAN que ya no es

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Gane o pierda en la dispareja y amañada disputa por la dirigencia nacional de Acción Nacional, la gran aportación del chihuahuense Javier Corral Jurado habrá sido el evidenciar, transparentar la realidad irremediable del partido al que literalmente ha dedicado 33 años de su vida: un PAN que no solamente se apartó de los principios y valores que inspiraron a sus fundadores, sino que degeneró en una suerte de consorcio particular de una camarilla para obtener prebendas y hacer negocios, dinero.

Muy lejos de los postulados originales, quienes hoy detentan el mando panista en el país y en muchos estados de la República han convertido al PAN en un partido relativamente competitivo para un esquema bipartidista que les permita alternar en el poder y en el dinero de manera amigable y civilizada con sus antes acérrimos enemigos, los más acabados prototipos de la antidemocracia y la corrupción, sin contrapesos, al grado de asociarse con ellos. Lo quieren seguir haciendo. Por eso hacen trampa para conservar la gerencia general del corporativo que les ha dado posibilidad de gozar las mieles del poder impunemente. La adulteración escandalosa del padrón interno –especialmente en el Distrito Federal, Puebla, Estado de México, Veracruz y Jalisco, en los que la falsificación afecta a más del 65 por ciento del listado– es sólo una de las artimañas de que se han valido y se valen ahora mismo. Usan los recursos, la estructura, los órganos partidistas, las relaciones institucionales, las negociaciones políticas. Quizá lo más grave es que todos lo saben.

Por negligencia o por complicidad, fascinados con los triunfos electorales, engolosinados con el poder, los panistas dejaron que una pandilla se apoderara de su partido, los puestos directivos, las diputaciones, las canonjías. Y ellos se repartieron el botín, literal, y llegaron a excesos de escándalo público… sin que pasara nada. Ahora creo que es demasiado tarde para rectificar.

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Hoy, el joven senador Corral Jurado se atreve a desafiar a todo ese aparato burocrático, financiero y político con un llamado –para muchos ingenuo– a una “rebelión de las bases” que no hay que descartar que pueda ocurrir pero que no se dará por arte de magia. “Hay una desviación de los principios que nos dieron vida”, advirtió al anunciar su decisión de contender por la dirigencia nacional de su partido. “Si el PAN no regresa a la persona como el concepto fundamental en torno del cual debe girar toda la acción política, seguiremos navegando sin brújula. Si el PAN no vuelve a la tarea esencial de construir ciudadanía, la democracia será una imposibilidad”.

Logró, de entrada, aun antes de registrar su candidatura, inhibir la pretensión del actual presidente nacional, Gustavo Madero Muñoz, de ser nombrado por su presunto sucesor como coordinador de la bancada panista en la Cámara de Diputados, lo cual no es poca cosa. El tema ha quedado prácticamente descartado por quien se considera su delfín, Ricardo Anaya Cortés, y por el propio dirigente que de esa forma ve frustrados sus planes para convertirse en el candidato del PAN a la Presidencia de la República en 2018.

Corral Jurado alcanzó también la meta de conseguir 47 mil 701 firmas de apoyo a su candidatura y así asegurar su participación en la contienda. “Es nuestra primera victoria, porque estas firmas valientes, son fruto de hombres y mujeres libres que de manera espontánea se sumaron a una red voluntaria que en muy pocos días se desplegó y articuló a lo largo y ancho del país”, escribió luego de su registro. “No compré una sola firma y no contraté a un solo operador”.

No dudo que su llamado –además de preocupar seriamente a sus contrincantes–, despertará expectativas y tal vez provocará un sacudimiento en no pocas conciencias que se traduzca en una participación activa en la elección. Eso es clave. El contundente respaldo de personajes como el ex gobernador de Chihuahua, Francisco Barrio Terrazas, abona en ese sentido. También la incorporación a su planilla de figuras prestigiadas entre las filas panistas en diversas partes del país –entre ellos el ex director de Conagua, José Luis Luege Tamargo, y los ex gobernadores de Nuevo León y Guanajuato, Fernando Canales Clarión y Juan Carlos Romero Hicks, respectivamente—seguramente incrementarán la confianza de muchos en un hombre que desde la edad de 14 años asumió de por vida su condición panista. Lo que sí dudo, gane o pierda Corral Jurado, es que el PAN pueda ser regenerado a partir de su actual, deteriorada, adulterada, falsificada condición. El PAN que el aspirante chihuahuense llama a restaurar no existe más. Se perdió en las vicisitudes del ejercicio del poder y la corrupción. Una muestra nauseabunda de ello, cercana, es el caso del Distrito Federal, donde un pillo llamado Jorge Romero Herrera, jefe de una secta inmoral, se adueñó de la peor manera del partido en la capital con la evidente protección –a cambio de su apoyo– de Madero Muñoz y tras de gobernar a base de simulaciones y corruptelas la Delegación Benito Juárez dispuso de candidaturas, diputaciones plurinominales y cargos partidistas. Ahora será coordinador de la bancada albiazul en la ALDF.

Manuel Gómez Morín y los demás fundadores concibieron un partido eternamente impugnador, crítico y combativo, pero por lo visto definitivamente incapaz de asumir el poder sin corromperse, como evidentemente ocurrió. El primer gobernador panista de la historia, Ernesto Ruffo Appel, (hoy paradójicamente integrado a la planilla del candidato “oficial” a la presidencia del CEN), percibió casi de inmediato entre sus propios colaboradores en el gobierno de Baja California cómo la tentación de obtener un beneficio personal del ejercicio del poder prevalecía sobre los ideales que los motivaron a una participación política. Ocurrió, claro. “Les gustó la lana”, me dijo.

Corral Jurado representa actualmente lo mejor que queda del panismo histórico, honesto y democrático. Ha ocupado prácticamente todas las posiciones partidarias posibles, con excepción de la jefatura nacional. Ha sido brigadista, representante de casilla, dirigente municipal y estatal, diputado local y federal, senador, representante ante los órganos electorales, consejero nacional. Representa ese panismo aguerrido e insobornable que alcanzó precisamente en Chihuahua, en 1986, la expresión más contundente y acabada de su historia. Conozco al hoy senador de la República nacido en Ciudad Juárez hace 49 años desde la cobertura periodística de esa lucha memorable de la que el próximo año se cumplirán tres décadas. Por muy diversas circunstancias, me ha tocado convivir con él lo mismo en momentos de frustración y rabia, de riesgo y valentía, de drama y tragedia personal, de tenacidad, que de euforia por el triunfo electoral largamente escamoteado. Me consta su entereza y su congruencia, su compromiso necio con las causas en las que cree, lo que le lleva a la supuesta intransigencia que algunos le critican. Es un hombre honesto e incansable. No dudo que puede ser un estupendo dirigente, el mejor. El problema radica en que propone restaurar un PAN ya inexistente. Válgame.


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