¿Quién podrá con Madero?

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Cuando en junio de 2008 Gustavo Madero fue nombrado coordinador de los senadores del PAN en lugar de Santiago Creel, el tomador real de esa decisión, el entonces presidente Felipe Calderón, dio el banderazo de salida a una etapa de gravitación del partido en torno de una sola persona como no se había visto en la historia de Acción Nacional.

Obvio, Calderón hizo eso de manera inadvertida. Era imposible que imaginara lo que vendría después: un enfrentamiento entre él y Madero, del que el Presidente —hoy expresidente— saldría repetidamente derrotado.

Hasta ahora, Madero ha ganado todas las batallas que ambos han protagonizado.

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Cuando Calderón, arrepentido de haber permitido que el chihuahuense se le subiera a las barbas, quiso impedir que éste llegara por primera vez a la dirigencia del partido, Madero derrotó al contrincante enviado por Los Pinos, el hoy senador Roberto Gil.

Cuando Calderón apoyó a Ernesto Cordero en la contienda por la candidatura presidencial de 2012, Madero apostó por Josefina Vázquez Mota, y volvió a ganar.

Cuando Calderón intentó recuperar el control del partido, mediante la figura de Cordero, Madero se reeligió como jefe nacional. Para conseguirlo, echó mano de la “neutralidad” de Vázquez Mota, quien había dicho que sería aspirante, y al final, desistió.

Finalmente, hace unos días, cuando Margarita Zavala, la esposa del expresidente, se registró para buscar una diputación federal plurinominal, Madero, quien ya se ve a sí mismo como coordinador de la bancada panista en San Lázaro, le echó encima la aplanadora de su supermayoría en la Comisión Permanente del partido.

Los maderistas consideran que han cometido un solo error en su enfrentamiento con los calderonistas: haber accedido a que Ernesto Cordero fuera el coordinador de los senadores panistas en el arranque de la LXII Legislatura.

“Siendo generosos y considerados, ya ves lo que nos pasó”, me dijo, hace unos días, una fuente legislativa cercana al maderismo.

Se refería a la confrontación que surgió en el grupo parlamentario en el Senado, donde algunos legisladores seguían a Cordero y otros a Madero, situación que Madero decidió terminar en mayo de 2013, luego de dos periodos ordinarios de sesiones, sustituyendo a Cordero por Jorge Luis Preciado.

No sé si el nombramiento de Cordero como jefe de la bancada obedeció a la generosidad y la consideración. De lo que estoy seguro es que el recuerdo de lo sucedido durante esos ocho meses tuvo que ver con la decisión, muy clara, de impedir que Margarita Zavala fuese diputada federal.

“Por quedar bien, habría sido un error darle un lugar en la bancada, pues ella habría peleado la coordinación bajo el argumento de los equilibrios en el partido”, me comentó la misma fuente.

“De no ser nombrada coordinadora, la estrategia de ella habría sido grillar desde el interior del grupo parlamentario, para conseguir votaciones divididas, y criticar públicamente a la dirigencia y a la coordinación y, luego, desde esa plataforma buscar la dirigencia del partido”.

Permitir que Margarita Zavala fuera diputada, “hubiera sido darse un balazo en el pie”, me dijo. “Es la lógica del poder, y tanto los calderonistas como los demás la conocemos bien. Ahora, ella buscará la dirigencia, como ya se sabía desde hace tiempo, pero sin la plataforma de la diputación. El adversario sigue afuera, no dentro”.

Esa fue la lógica para aplastar a la esposa de Calderón en la Comisión Permanente, donde sólo pudo obtener 12 de 58 votos.

El caso es que Madero ha solidificado su control sobre el partido. Todos los pasos que ha dado —ganar la reelección en mayo pasado y pedir licencia para ser diputado— se han cumplido.

Adelanté esos pasos en este espacio, igual que su regreso temporal a la dirigencia, cosa que hizo el martes pasado, así como su pretensión de ser coordinador de la bancada en la Cámara baja a partir de septiembre.

Para ello, Madero ya tiene listo a quien lo designará coordinador, pues ni modo que se corone él mismo. Será el zacatecano José Isabel Trejo Reyes, quien pasó a la secretaría general del partido, en un enroque con Ricardo Anaya. Éste fungirá ahora como coordinador de la bancada en San Lázaro hasta el final de la legislatura.

Y le anticipo otra cosa: la Cámara de Diputados no es el final del camino para Madero. Su intención es ser candidato a la Presidencia. Para lograrlo tendrá que enfrentarse al gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien ya tiene en su equipo a quien fue por muchos años un hombre cercano a Calderón, el exvocero presidencial Max Cortázar.

Es temprano para saber cómo terminará esa nueva batalla, para la que aún faltan dos años, pero, si algo nos dice la historia de los últimos siete años,es que  Madero, quien ha sobrevivido a todo, lleva las de ganar.

Hoy sus adversarios le lanzan toda clase de epítetos. El miércoles, el senador Javier Lozano me dijo en la radio que la ambición de Madero no tiene límites. “Quiere ser hasta Papa”, afirmó el político poblano.

Lo cierto es que no parece haber nadie en el PAN que pueda con él.

Mientras tanto, Madero lanza flechas a la luna. Ya está listo para convertirse en un jefe de bancada con más poder que el que tuvo en su momento Diego Fernández de Cevallos, quien siempre fue disciplinado con el jefe nacional Luis H. Álvarez.

¿Hasta dónde llegará?


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