Inflación y tipo de cambio

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Por: Alejandro Díaz

Cada mes saltan nuevas cifras de inflación que rebasan las promesas expuestas en el discurso matutino. Las cifras previstas en el presupuesto quedan atrás sin que la Secretaría de Hacienda puedan hacerlas realidad en beneficio del interés general. Quienes hacen compras, y en especial las amas de casa, constatan la elevación en casi todos los rubros. Si a ello le añadimos el hecho de que las cifras reales de la inflación son superiores a lo que se reporta, la realidad es que estamos inmersos en una espiral inflacionaria que se acelera día con día.

Aunque éste fenómeno tiene múltiples causas, la mayor parte de ellas se deben a actos gubernamentales (inversiones faraónicas, instrumentación fallida, insuficientes facilidades para promover tanto insumos como productos, exceso de regulación, etc.) y las menos por abusos de especuladores. Con excepción del incremento del costo del gas natural no hay argumento de que la inflación venga del exterior. La inflación se genera en el país y aumenta por causas endógenas.

A pesar de la tan proclamada “austeridad” el gobierno federal ha estado volcando miles de millones de pesos a la economía, pero de manera ineficiente. Ha limitado el gasto en Educación, Salud y Seguridad para privilegiar apoyos directos e inversiones faraónicas. Para ello incrementó la deuda externa (a pesar de promesas de campaña), tanto que a éstas alturas del sexenio ya ha contratado más deuda que en todo el sexenio del “dilapidador” Peña Nieto.

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Sin duda la pandemia originó algunos incrementos de precio, al tiempo que inhibió tanto consumo como producción, desestabilizando cadenas de suministro y facilitando incrementos de costos que desembocaron en aumentos de precios. Pero a pesar de la atinada conducción del Banco de México, la inversión pública se ha volcado a proyectos de alto impacto que no tendrán utilidad pública a corto plazo, y quizá nunca, lo que está incidiendo gravemente en el aumento de la inflación.

El inquilino de Palacio dice no estar preocupado por la inflación porque el tipo de cambio no ha sufrido grandes cambios, pero de seguir la tendencia de aumento de la inflación puede llegar al extremo de volver al dólar el único producto barato. De llegar a darse este fenómeno se estará repitiendo lo que sucedió al término de cada uno los sexenios trágicos de 1970 a 1982 que llevó a sucesivas devaluaciones.

Luis Echeverría (LEA) llegó al poder con más del 60% de los votos y comenzó su sexenio con acciones populistas que devoraron millones de pesos. Aunque gastó en proyectos faraónicos sin capacidad productiva, sólo el puerto de Lázaro Cárdenas y Cancún pueden decirse fueron exitosos… 20 años después. CONASUPO y LICONSA recibieron enormes subsidios que no siempre llegaron a sus destinatarios teóricos. El aumento del gasto público y de la deuda pública causaron una inflación desatada.

Su sucesor, José López Portillo (JLP), en vez de enmendar los errores de su antecesor, incrementó el dispendio. Emprendió más obras faraónicas y reforzó las anteriores. Éstos gastos (que no inversiones) no producían beneficio general alguno, sólo a incondicionales del régimen. El más grave es que generó una espiral inflacionaria en la que sólo las divisas extranjeras parecían baratas. Por supuesto que generó una enorme demanda de dólares que vaciaron las reservas de divisa, hasta que se acabaron “las fichas”, según dijo JLP en una inusitada declaración. Para salvar su ego echó la culpa a los banqueros por la crisis y declaró la nacionalización bancaria.

Tuvieron que pasar tres inquilinos de Los Pinos para sanar las heridas causadas por el ego presidencial y corregir errores. Los populismos de LEA y JLP le causaron gran daño al país, como los está causando el actual inquilino de Palacio. Esperemos que éste no intente salvar su ego culpando a BIMBO y a FEMSA, los grandes empleadores del país.

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