INE: contagiado de los partidos

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La autoridad electoral ha estado en el ojo del huracán no sólo por su actuación en la organización de los comicios recientes, sino por varios detalles que muestran al organismo más cercano a las prácticas partidistas que al papel de garante de votaciones limpias y certeras. La impresión es que de tanto negociar y trabajar con los partidos, el INE ha terminado por contagiarse de los vicios de éstos.

Todo lo malo se pega

No son sólo las críticas por algunos errores que se han cometido en el día a día de la organización de las elecciones y la vigilancia a los partidos, sino la sorpresa que uno de los órganos garante de la vida democrática del país comience a replicar algunas de las prácticas que se le critican a las distintas fuerzas políticas.

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         Hace un par de meses, nos enteramos de un proyecto para ampliar la infraestructura del Instituto el cual incluía la construcción de un edificio valuado en una cantidad millonaria, lo que de inmediato desató las dudas acerca de si era necesario lo que ya se consideraba un despilfarro en la opinión pública. El INE desestimó los señalamientos y argumentó que se trataba de ahorrar en rentas, pues las modificaciones legales hacían necesario contar con más espacio para los empleados que tenían que encargarse de las nuevas encomiendas de la última reforma electoral.

         Asimismo, una crítica constante tiene que ver con los sueldos de los consejeros electorales y sus asesores, pues se considera que lejos de justificarse pese a la importancia de su papel en el ámbito electoral, representa un privilegio en un país lleno de carencias y desigualdades.

         Ni que decir de las conversaciones que filtraron manos del propio Instituto, en las que escuchamos al propio Consejero Presidente, Lorenzo Córdova, referirse en forma despectiva y burlona de un asistente en una reunión con comunidades indígenas. Al igual que los partidos, en el órgano electoral también se practican escuchas y grabaciones ilegales, así como filtraciones con objetivos oscuros.

         El último episodio de esta relación tiene que ver con la destitución del vocero del INE, acusado –presuntamente, como dicta lo políticamente correcto– de solicitar favores sexuales a empleadas de comunicación social, en cuyo escándalo salió a relucir personal del propio Instituto como parte acusadora en cuyo poder obran pruebas que provocaron el despido de Alberto García Sarubbi.

         Este asunto promete ser más explosivo, de acuerdo a personal del propio INE, pues si se rasca más en lo que ha sucedido en comunicación social, la sorpresa –y el escándalo– para la gente de Córdova Vianello sería mayúscula.

         La impresión es que el INE terminó por contagiarse de las prácticas de los partidos, de tanto convivir con ellos.

         Un detalle que ha pasado desapercibido tiene que ver con el personal que ha dejado el Instituto para colaborar con los partidos. Al menos –con conocimiento directo por quien esto escribe– el PAN ha contratado en sus dos últimas administraciones a profesionistas que antes laboraban en el INE, con el objetivo de que ayudaran a solventar los requerimientos, que en materia de fiscalización, se ordenan en el marco legal que rige a los institutos políticos.

         La experiencia en este caso concreto, muestra que la administración de Gustavo Madero sufrió señalamientos constantes en su actuar financiero, con todo y que el contralor nacional era, precisamente, alguien que anteriormente trabajaba en el INE. Al menos no se considera que esta persona haya sido freno, pues más parecía figura decorativa ante acusaciones en contra de gente cercana a Madero, como es el caso de Jorge Villalobos, primero secretario particular del dirigente panista y luego diputado federal.

         Con Ricardo Anaya, sobra decir que en 2015 el blanquiazul fue el más multado por parte de la autoridad electoral. El lector puede sacar sus propias conclusiones de estos datos.

         Todo lo anterior refleja lo que ha sido una constante en el ámbito político-electoral mexicano: irregularidades al por mayor, sospechas de actos de corrupción, ausencia de ética y prácticas cuestionables de parte de todos sus actores.

         El INE, como representante de la parte reguladora, parece caer en esa misma espiral que ha marcado a los partidos políticos en fechas recientes y que contribuye a que se ubiquen en el sótano de las mediciones acerca de la confianza ciudadana.

         Más en la línea que ofrece una imagen de un elefante blanco que en ser considerado una institución funcional, el INE tiene frente a sí un reto enorme para regresar a la época en que el prestigio era parte de sus cualidades. Diferenciarse de los partidos, es parte de sus encomiendas más urgentes, pues no puede caer en escándalos al igual que los entes a los que fiscaliza.

Del tintero

El próximo domingo se realizarán elecciones en España. Una lectura a las notas y artículos de este tema nos muestra que también en la madre patria las cosas son parecidas a las que tenemos que soportar en este lado del Atlántico, con todo y debates aburridos que en poco influyen en el elector.

 

Twitter: @AReyesVigueras


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