Gente Limpia

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En estos días de descanso en los que he tenido la oportunidad de saludar y entablar amenas y distendidas conversaciones con grandes amigos de toda la vida en distintas ciudades del país, gente común y corriente como tú y como yo, medianamente enterados y preocupados por la situación política y social de nuestro país, profesionistas jóvenes, ninguno especialmente inmiscuido en el ambiente político ni familiarizados en lo absoluto con el argot público, en pocas palabras, típicos ciudadanos estándar. Me he percatado de que existe un tremendo ánimo e ilusión por colaborar en al cambio de sus estados y del país, pero no encuentran el medio a través del cual participar y en el cual se sientan a gusto y en su propio ambiente.

Existe un anhelo real por cambiar las cosas. Gente <limpia> con visión netamente ciudadana, bien intencionada, luchona, trabajadora, jóvenes bien preparados –empleados o empresarios- que contribuyen a que este país se mantenga en pie a pesar de los pesares, que coinciden en una cosa: están hartos de los políticos profesionales, de los discursos desgastados y anquilosados, de la corrupción, de la grilla, de la politiquería que inunda todos los rincones del quehacer gubernamental y terminar por empantanar y distorsionar todas las cosas. Como anhelo que tuviéramos la oportunidad de encauzar todo ese esfuerzo, energía y vitalidad… ¡qué gran bien harían en el sector público!

En términos generales, salvo muy contadas excepciones de algunos que comenzaron muy chicos, los jóvenes de mi generación han quedado al margen de la realidad del sistema político de nuestro país. Los partidos se han cerrado de cara a esos jóvenes <libres>, no han logrado convencerlos ni pescarlos. No les resultan atractivos… más bien al contrario, son peligrosos por independientes. El sistema los rechaza, son una molestia… su congruencia y ánimo de servicio los vuelven <idealistas> y por ende ilusos para la actividad política. ¡Caramba!, cuándo terminaremos de entender que para ejercer con eficacia la función pública debe existir una total independencia y autonomía, tanto personal como económica… da pena ver la lucha a muerte por cada una de las posiciones de poder, más que por una intención real de servicio por una necesidad de conseguir un puesto donde chambear, es un auténtico tianguis donde se mercadean y se reparten las posiciones que debieran constituirse en oportunidades de oro para cambiar e incidir en la vida y realidad de miles de personas. Ese es un enorme tema de responsabilidad.

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Habrá que exigir a los partidos que abran los ojos y extiendan la mirada más allá de las puertas de sus propios territorios, que se den cuenta del activo tan valioso que representa ese segmento social… Rectifico estimado lector, no vaya a ser que al tratar de abordarlos, los contaminen y los echen a perder sumiéndolos en ese ambiente gris, egoísta y de bajo perfil que ellos llaman “política” y que al parecer tiene la capacidad de cambiar a las personas, de volverlas insensibles, dependientes, subordinadas… No me asusta… para ejercer el poder hay que estar preparado tanto personal como profesionalmente y estoy convencido que las virtudes y características propias de un buen gobernante se reflejan, se encuentran y se viven con mayor fidelidad desde la propia sociedad civil.

Ver esto me vuelve a ilusionar en que las cosas pueden ser distintas, me permite gritar a los partidos y a los políticos profesionales que hay más vida y más riqueza en la sociedad civil, que la política en nuestro país es más que desacreditar, golpear, tronar y bloquear todo lo que huela al adversario o en alcanzar el siguiente <hueso> o posición cueste lo que cueste, que levanten la mirada… No pido que lo acepten, pues es demasiado. Me basta con que lo vean, ¡que del resto nos encargaremos los ciudadanos!


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