miércoles, abril 1, 2026
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¿Explicar el fracaso?

La oposición habla mucho, pero sigue sin entender cómo se mueve realmente la sociedad.

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Debatir, dialogar, exponer nuestras ideas.

Pero, ¿realmente entendemos lo que está ocurriendo en este país como para aventurarnos a explicarlo? ¿Entendemos qué motiva a las personas a actuar, incluso en contra de su propio interés?

¿Cuántos de nosotros creemos en ovnis, fantasmas, experiencias paranormales o maldiciones? Más aún: ¿cuántos han vivido —o creen haber vivido— alguna de estas experiencias?

Si no entendemos la naturaleza del funcionamiento de “las cosas” —llámese la química de las emociones, el funcionamiento de la mente o la dinámica de la sociedad—, entonces los foros de discusión sirven de poco. Elaborar tesis, ideas o “creencias” que solo refuerzan lo que ya pensamos no nos acerca a la verdad; únicamente nos hace dar palos de ciego.

Hoy, dentro de la oposición, se ha puesto de moda ofrecer explicaciones aparentemente profundas sobre las razones del fracaso en las elecciones de 2024. En chats, foros, reuniones y conferencias abundan los análisis: algunos muy elaborados, otros sustentados únicamente en el sentido común.

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Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿realmente entendemos lo que está pasando?

Existen también los intérpretes a posteriori: los profetas del desierto que, una vez conocidos los resultados, aseguran que todo era evidente, que ya lo habían advertido, que nadie los escuchó. Y están los culpadores profesionales, expertos en trasladar responsabilidades de un grupo a otro, sin asumir la parte que les corresponde.

¿Y cuál es el resultado de todo esto?

El resultado es actuar como un cardumen: seguir a la mayoría sin rumbo, convencidos de que alguien más sabe hacia dónde ir. Mientras tanto, permitimos que los depredadores se alimenten de esa masa que gira sin dirección, justificando cada caída como un accidente o como un simple asunto de suerte.

Ese es el verdadero problema: no estamos entendiendo cómo funcionan las masas.

El primer paso es reconocer algo incómodo: todo lo que creíamos saber ya no funciona. Las fórmulas del pasado no explican el presente ni resuelven el futuro. Es necesario corregir la forma en que pensamos, en que analizamos y en que actuamos.

Entender a la sociedad no es un ejercicio intelectual sofisticado: es una necesidad política.

Si no rompemos con esta inercia, otros seguirán tomando decisiones por nosotros. Seguirán depredando a la sociedad, saqueando al país y justificando su poder en la pasividad de las mayorías.

Corregir el rumbo implica dejar de nadar en círculos. Implica organizarnos con claridad, con objetivos concretos y con una estrategia que no solo dialogue, sino que dispute el poder real.

Porque la indignación, por sí sola, no cambia nada.

La organización, sí.

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