EU: drogas y hedonismo

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Hace unos días estuvo en México el expresidente estadunidense Bill Clinton.

Durante una conferencia, dijo que lamentaba que nuestro país tuviera problemas causados por el narcotráfico. Incluso se disculpó por ello, afirmando que Estados Unidos pudo haberlos causado al cerrar los accesos por aire y mar al trasiego de drogas, lo cual provocó que el contrabando se hiciera por tierra, a través del territorio mexicano.

Es verdad que el sellamiento del Caribe como ruta para el narcotráfico a mediados de los años 90 provocó un mayor uso de la frontera sur de Estados Unidos para la introducción de cocaína.

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También lo es que las directrices de Washington para combatir el tráfico de estupefacientes no sólo han sido infructuosas —pues no han logrado disminuir el consumo entre los estadunidenses— sino que han contribuido a generar fenómenos de violencia en los países productores y de tránsito.

Sin embargo, la principal causa del narcotráfico ha sido el enorme apetito por las drogas en aquel país. El abuso de sustancias ilícitas cuesta a Estados Unidos 193 mil millones de dólares al año, de acuerdo con datos del National Institute on Drug Abuse.

La misma fuente señala que de 2002 a la fecha, el consumo de drogas ha ido al alza.

“En 2012, aproximadamente 23.9 millones de estadunidenses, de 12 años de edad y mayores (equivalentes a 9.2% de la población), habían usado alguna droga ilícita o habían abusado de algún medicamento psicoterapéutico (como analgésicos, estimulantes o tranquilizantes) el mes anterior. Dicha proporción es mayor que la registrada en 2002, cuando fue de 8.3% de la población”.

Una de las tendencias más recientes en este rubro es el abuso de analgésicos opioides, como los de las marcas Vicodin, Percocet y Oxycontin.

Los médicos estadunidenses expidieron 259 millones de prescripciones de analgésicos opioides en 2012, casi una por cada habitante adulto del país.

“Las sobredosis por drogas opioides son un problema serio a lo largo del país”, declaró el año pasado el director del Centro de Control de Enfermedades, conocido por sus siglas CDC.

A decir de esa institución, 46 personas mueren al día en Estados Unidos por sobredosis de medicamentos legales que contienen oxicodona e hidrocodona.

La venta de fármacos genera para la industria farmacéutica estadunidense unos 280 mil millones de dólares al año. Y seguramente sus ganancias no serían tan altas de no ser por la venta de medicamentos adictivos, como los analgésicos opioides.

Se calcula que hay unos cinco millones de personas en Estados Unidos que experimentan una dependencia física hacia esos analgésicos.

Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, Estados Unidos consume 99% de la hidrocodona que se produce a nivel mundial.

A partir de que el abuso de los analgésicos opioides fue identificado como un problema de salud pública, y la DEA ha tomado medidas para combatirlo se ha registrado un incremento en el consumo de heroína entre los estadunidenses.

Entre 2010 y 2012, el número de fallecimientos por sobredosis de heroína se duplicó en 28 estados del país que concentran 56% de la población, informó el CDC en octubre pasado.

La vulnerabilidad que ha causado la adicción a los analgésicos opioides y la consecuente demanda de heroína ha sido aprovechada por los cárteles de la droga en México para incrementar su producción de esa última droga y su envío a Estados Unidos, donde ha llenado el vacío que han dejado los analgésicos.

De acuerdo con diversas fuentes especializadas, las regiones montañosas de México que antes producían intensivamente mariguana (el Triángulo Dorado del noroeste y regiones serranas de Michoacán, Guerrero y Oaxaca) han visto la sustitución de ese cultivo por la amapola.

La nueva demanda de heroína ha permitido a los cárteles hacer frente a la caída de sus ingresos por concepto de contrabando de mariguana, propiciada por la despenalización de la producción y venta de ese narcótico en varios estados de Estados Unidos.

Pero el incremento en el consumo de heroína entre los estadunidenses no puede verse de manera aislada del abuso en la prescripción de analgésicos opioides, un problema que se generó en ese país y ha durado 20 años, seguramente de la mano de la codicia de la industria farmacéutica.

Dudo que pueda encontrarse otro país en la historia que haya estado tan enganchado con las drogas —legales e ilegales—como EU.

Si agregamos a ese consumo desenfrenado la libertad con la que pueden armarse sus ciudadanos, hay que concluir que la responsabilidad que Estados Unidos tiene en el narcotráfico en México y sus efectos delincuenciales es mayor que la mera decisión de sellar las rutas aérea y marítima del contrabando de estupefacientes.

Por supuesto que México es responsable de muchas cosas —como la ausencia de una vida pública verdaderamente institucional y apegada a las leyes—, pero es tiempo de decir las cosas de frente al vecino del norte y dejar de aceptar que nos juegue el dedo en la boca.

Si la goma de opio que baja de la sierra a centros urbanos como Iguala tiene por destino Estados Unidos, los estadunidenses tienen que hacerse cargo de una parte de la violencia que causan sus adictos y sus hedonistas, así como sus médicos negligentes y su industria farmacéutica voraz.


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