En familia con Andrés Manuel

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Por: Juan Ignacio Zavala

Durante décadas el programa de televisión familiar fue ‘En familia con Chabelo’. Domingos en la mañana hacía el entretenimiento para los niños, alivianaba a los papás del pastoreo matinal o los hundía en la depresión de la cruda mal curada con concursos en los que cualquiera entraría en la ‘catafixia’ de cambiar la sala de la casa por un clamato con Tecate.

Concursos, canciones, edecanes bailando, intervención de los representantes de la Secretaría de Gobernación dando fe de la legalidad de las rifas y sorteos, ‘En familia’ fue, entre otras cosas, el pasaporte a la eternidad de Xavier López, Chabelo. Nadie como él supo testificar los nacimientos y defunciones de familias enteras. Más allá del entretenimiento familiar. Chabelo formó durante décadas parte de la educación sentimental mexicana.

Por supuesto con el cambio de los tiempos el entretenimiento infantil televisivo se trasladó a otras formas y múltiples ofertas. Hoy en día el entretenimiento televisivo corre a cargo del presidente de la República. Sus conferencias mañaneras se han convertido en un programa cómico en el que faltan la música en vivo y los concursos con el público. Las ocurrencias y risotadas son parte del guion y aunque es un programa chusco, el humorismo blanco está garantizado. Las mañaneras son también un involuntario homenaje a Capulina.

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En días pasados se avivó un debate sobre el nombre que podrían llevar las exhibiciones matutinas de López Obrador. Hubo quien sugirió que se podría llamar Andrés de América, para igualar a la peruana Laura Bozzo, o Andrés, casos de la vida real. Sin embargo, En familia con Andrés Manuel parecía tener la mayor aprobación pues se trata de un programa en el que los participantes la pasan muy bien, como en su casa, se ríen a gusto de los mismos chistes y todos le aplauden al comediante principal.

Claro, nadie imaginó que el programa terminaría tratándose de la familia de Andrés Manuel. El video –otro video– difundido la semana pasada por Carlos Loret en el que uno de los hermanos –otro de los hermanos– del Presidente aparece recibiendo dinero público es una muestra más de la enorme hipocresía del predicador de Palacio Nacional. Todos son corruptos, todas las familias están podridas, todos los que no comulgan con él están malditos, no tienen valores, están condenados. El asunto es que quien fustiga a los demás es incapaz de empezar por –literalmente– su casa. Dos de sus hermanos han sido exhibidos como miembros de alguna estafa o, por decir lo menos, un fraude con dinero público. Pero el hombre que es todo pureza termina renegando de los suyos, no admite mancha de nadie, ni siquiera de su sangre. En su ruindad, el Presidente ha sido capaz de renegar de uno de sus hermanos, desconocerlo públicamente: “Yo ya no tengo hermanos”, dijo en referencia a su hermano Arturo en 2016. Ahora dejó en claro que a su hermano Martín hace más de cinco años que no lo ve.

El Presidente tiene que cargar con su familia. Aunque se haga a un lado. Pero, hay que decirlo, la familia también tiene que cargar con esa mala persona que es Andrés Manuel, alguien que se cree santo, que los suyos no lo merecen, que está más allá de los débiles seres humanos terrenales y llenos de pecado. “Yo ya no me pertenezco”, avisó el hombre que es todo humildad y sencillez al tiempo que nos advirtió que a lo mejor hay problemas “con una nuera”.

En familia con Andrés Manuel es la nueva telenovela nacional. Un programa de chascarrillos y ocurrencias en el que también se vive el drama de la miseria moral y la mentira; un programa diario en el que no hay familia que se salve, ni la del comediante mayor.

 


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