Empleo y pobreza

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El verdadero empresario es fruto del esfuerzo continuado y de asumir riesgos económicos. Generar trabajo es un lento aprendizaje.

La miseria de ser explotados por los capitalistas no es nada comparado con la miseria de no ser explotado en absoluto.
Joan Robinson

No recuerdo en qué idioma, orar y trabajar significan lo mismo, pues tienen una similitud. Al trabajar, se trasciende, se manda un mensaje, brinda una realización personal. Generar empleo es la forma más eficaz de combatir la pobreza y de integrar al hombre a la sociedad.

No sé por qué el presidente Peña Nieto presume la creación de empleos, cuando quienes lo generan son los empresarios. El gobierno está obligado a brindar las condiciones para propiciar inversiones. La estabilidad económica es tarea del Banco de México, cuya autonomía se ha venido fortaleciendo. En sus tareas principales, respeto a los derechos humanos, garantías de seguridad y buen manejo de los recursos públicos está reprobado.

 

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La satanización hacia el empresario es añeja, más acentuada a partir de la Revolución de donde surgieron dos ramas del derecho de pésimas consecuencias no sólo en la economía, sino en la moral del mexicano: la agraria y la laboral, englobadas como derechos sociales y proteccionistas de una clase.

 

Otorgarle a los mexicanos el derecho a la tierra, un bien finito y el consecuente reparto ocasionó una descomunal destrucción de la riqueza, incertidumbre jurídica en el campo y la secuela del minifundio, principal lastre de la economía agropecuaria. Haber sacado al ejido del mercado ocasionó su improductividad, además de subestimar al supuesto beneficiado. En condiciones de amenaza latente, los propietarios de la tierra hicieron un gran esfuerzo para hacerla productiva. Ese ha sido su mérito.

 

El derecho laboral ha sido un instrumento permanente de extorsión y de corrupción de la empresa (trabajadores y patrones). Las juntas de Conciliación y Arbitraje devinieron en verdaderas oficinas de negocios y no de justicia. Hacer leyes es difícil, pues pueden provocar exactamente el efecto contrario al concebido por el legislador.

 

Alienta en nuestro escenario que ahora los partidos “de izquierda” quieran hacer las paces con los empresarios. Me remito a tres declaraciones.

 

López Obrador le dice al Papa en su carta que está buscando convencer “incluso, a los adinerados de no dar la espalda a los que sufren…”. Agustín Basave propone que el PRD sea el abanderado de las Pymes. Cuauhtémoc Cárdenas afirma que no distingue izquierdas y derechas, lamentando la ausencia de un juez que lo determine. Es bueno que empecemos a encontrar coincidencias, pues como bien lo expresa Leszek Kolakowski: “Cada uno de nosotros puede ser juntamente socialista (querer reducir las desigualdades), conservador (respetar las tradiciones humanistas) y liberal (valorando la iniciativa y la competencia).

 

México debe entrar en un debate de la mayor relevancia y seriedad para definir qué hacer rumbo al mediano y al largo plazo. Ha habido un enorme descuido y a veces hasta desprecio al respeto de los derechos de las generaciones futuras que, al carecer de representantes, dependen de lo que hoy decidamos en todos los órdenes.

 

Los programas sociales sólo amortiguan la pobreza. La forma más eficaz de combatirla es generar empleos. Por eso manifiesto mi admiración al empresario. No corresponde de ninguna manera a esa imagen generalizada de ser un explotador o de que ha hecho su capital con base en componendas y corrupción. El verdadero empresario es fruto del esfuerzo continuado y de asumir riesgos económicos. Generar trabajo es un lento aprendizaje. Afortunadamente hoy se reconoce esa labor. Joseph Conrad lo dice muy bien: “No me gusta el trabajo, a nadie le gusta; pero me gusta que, en el trabajo, tenga la ocasión de descubrirme a mí mismo”.


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