El uso indebido de la fuerza pública

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No cabe duda que México es un país de muchos contrastes; destacamos en tantos rubros mientras que en otros estamos estrepitosamente reprobados.

La movilidad, por ejemplo, es una de las asignaturas en las que seguimos quedando a deber. Desde la planeación de la movilidad urbana hasta las alternativas al uso del automóvil o, incluso, al transporte público.

Por supuesto, el uso de la bicicleta es una de las alternativas más destacadas, no sólo por su practicidad y bajo costo, sino también por los beneficios personales y al medio ambiente que conlleva, al ser un sistema verde, es decir, sin emisiones contaminantes.

Pero en los gobiernos hay personas lo suficientemente obtusas como para no dar el suficiente crédito a los ciclistas y, peor aún, hay quienes buscan la menor excusa para irse en contra de ellos, a los golpes, literalmente, tal como sucedió el pasado viernes cuando elementos de la Policía capitalina arremetieron contra un grupo de ciclistas que no hacían otra cosa más que exigir respeto a su derecho a transitar con seguridad.

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Pero en la pequeña mente de los policías involucrados, los ciclistas tomaron forma de los más agresivos y peligrosos manifestantes, quienes debían ser sometidos de manera tajante ante el riesgo que representaban. No eran los anarquistas saqueando comercios o vandalizando monumentos en el Paseo de la Reforma —quienes, por cierto, jamás han sido contenidos. No, esta vez eran peligrosos ciclistas que merecían una magistral tunda en el suelo.

No tardaron en llegar las críticas y cuestionamientos sobre el actuar de las fuerzas del orden. Afortunadamente, en el gobierno de Claudia Sheinbaum no hubo duda en responder de inmediato y cesaron a los responsables. Bien por la actuación del secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch.

Sin embargo, no debe quedarse en eso. Debe haber una investigación y sanción severa por la agresión, no basta sólo con ser suspendidos del cargo o separados de él; esto amerita una pesquisa y sanciones penales por daño personal y por el uso indebido de la fuerza.

En un actuar congruente con su decir, la SSC dejó en claro que no se van a tolerar agresiones a los ciudadanos. Un hecho plausible que se suma al reciente decomiso de 800 kilos de cocaína, con un valor de 11 millones de dólares, en la alcaldía Tlalpan, en un operativo coordinado con el gobierno federal.

Bien por García Harfuch, a quien le renovamos el voto de confianza en su trabajo, exigiendo que no se repitan agresiones a ciudadanos comunes y corrientes, para que se siga atacando al crimen organizado y para que se castigue el uso indebido y excesivo de la fuerza pública.

El gobierno de la Ciudad de México sigue teniendo pendiente un plan de movilidad integral que considere el uso de la bicicleta como medio de transporte. En donde los ciclistas no tengan que salir a exigir su derecho a transitar y en donde tampoco sean agredidos por ello.

 


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