El TPP y nuestra política de desarrollo

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Esta semana podría definirse el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), el más grande tratado multiregional de la historia que abarcará una población de 800 millones, casi 40% del PIB mundial y 50% de sus intercambios.

Nacido de un convenio firmado en 2005 entre Brunei, Nueva Zelanda, Singapur y Chile, al esquema se han agregado Canadá, México, Japón, Malasia, Perú, Australia y Vietnam. El proyecto ampliado ha sido activamente promovido por Estados Unidos como punto de partida para implementar su visión de las relaciones económicas internacionales ofreciendo a sus socios su respaldo comercial en un esquema que comprendería la liberación del 90% de los intercambios y la reglamentación de capítulos sobre inversiones, tecnologías, regímenes de patentes y de servicios.  El Senado norteamericano autorizó un tratamiento legislativo acelerado para aprobar este acuerdo que desde luego absorbería el TLCAN. 

Los borradores no han sido conocidos y discutidos sino por los muy cerrados equipos de negociadores. Faltan las discusiones legislativas de sus cláusulas operativas y sus efectos previsibles. 

Invitados en 2008 por Estados Unidos, nuestra adhesión responde a la cada vez mayor vinculación de nuestra economía con la de nuestros vecinos al norte y, por ende, de sus intereses por expandir sus mercados en Asia. Nuestro comercio asiático es magro: 7% de nuestras importaciones llega de toda esa región  a la que a su vez destinamos 4% de nuestra exportación. Si Estados Unidos y Canadá aumentan sus compras a Asia reduciremos nuestras ventas a esos dos países.

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Para nosotros, empero, el TPP es asunto de sólida importancia. Se trata de aceptar compromisos que afectan el futuro de nuestro comercio exterior. Muchas fracciones tarifarias aluden a artículos  sensitivos en términos de empleo,  reglas de origen y de calidad como los agrícolas, textiles, automotores, aceros, aparatos electrónicos y farmacéuticos.

Hay países como Vietnam cuyos textiles ya nos desplazan en el mercado norteamericano. En el sector automotor las reglas de origen nos afectan directamente. Otro caso es el del azúcar donde la entrada de Australia al mercado norteamericano compromete la venta de azúcar mexicana. 

Se comenta que el TPP favorecería incorporar más componentes mexicanos a los artículos norteamericanos e incluir productos terminados mexicanos en  sus promociones de exportación a los socios asiáticos del TPP.

La vigencia de protección para las medicinas biológicas de patente es asunto crucial para más de 50 productoras mexicanas de genéricos. Las empresas norteamericanas y japonesas presionan para al menos 12 años, en tanto que países como Nueva Zelanda, Australia y México, insistimos en que sea de cinco años. 

El mismo planteamiento del TPP se procede del estancamiento de las negociaciones tarifarias organizadas por la OMC, sucesora del GATT. Las asociaciones de libre comercio vuelven estar de moda. Además del TPP, ahora se negocia el tratado de asociación entre Estados Unidos y la Unión Europea, mientras que se dan los primeros pasos para un acuerdo entre 43 países africanos.

El comercio mundial del futuro se anuncia como un espacio cada vez más amplio sin barreras para el movimiento de productos agropecuarios y manufacturados, inversiones y tecnologías.

En estas circunstancias, el productor individual queda a las resultas de su ingenio, lo cual no será siempre suficiente para enfrentarse con éxito a la competencia sin límites de aquellos que cuentan con más recursos o de favores oficiales.

 Nos encontramos  en vías de ensayar la fórmula de grandes conformaciones geoeconómicas.  No se inspiran en sentimientos de solidaridad con los pobres, ya que las políticas de desarrollo se han abandonado.  Las agudas discusiones que estamos presenciando en las negociaciones para el TPP no versan sobre cómo aliviar las carencias de las mayorías desheredadas, si no cómo crear, diseccionar y explotar nuevos mercados en provecho, ante todo,  de los accionistas, ya sean grandes o pequeños, de  las empresas que así prosperan. 

Estados Unidos ve en el TPP la piedra angular para su estrategia geoeconómica internacional. Cualquiera advierte, sin embargo, que se trata de crear un bloque comercial para competir con India y China. En el gran ajedrez, México, como incipiente jugador, tiene que pensar muy bien su siguiente movida.


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