El Presidente y la mariguana

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Así como decimos una cosa, hay que decir la otra. Muchos aspectos de la administración del presidente Peña Nieto suscitan críticas y aún rechazo. Otras, no tan frecuentes, son acertadas. Hoy se trata de una de las que merecen elogio. Su firme posición en la incipiente polémica sobre la legalización del uso recreativo de la mariguana y su enfático rechazo a la idea expresan la cordura más elemental: el acceso generalizado a esta droga que se facilitaría con la aprobación legislativa es contrario al sentido común que cualquier padre o madre de familia entiende.

La infortunada sentencia que emitió la Suprema Corte de la Nación, arguyendo como un derecho constitucional el que cada ciudadano mexicano decide por sí mismo el destino que quiera darle a su propia vida y su cuerpo, coloca el interés personal por encima de los valores que sostienen a la sociedad.

La salud pública es, como lo hemos dicho en este espacio, el valor que hay que mantener sobre los derechos individuales. La cuestión es de una suprema seriedad y no es aceptable frivolizar el problema hablando de prácticas de recreo.   

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Es falso el dilema que plantean algunos destacados personajes nacionales y extranjeros entre continuar en México con el combate a las mafias o legalizar la droga. Aquí, también, el presidente Peña Nieto acierta al afirmar que “no es válido suponer que es más fácil combatir el crimen organizado, las ventas ilícitas, ilegales, y los rendimientos que tiene esa actividad sólo por legalizarla… ¿Para combatir al crimen organizado podríamos en riesgo la salud de la niñez y de la juventud mexicana?… El Estado tiene que hacer lo suyo para combatir el crimen organizado con la fuerza del Estado, sin arriesgar la salud de la niñez y de la juventud”.

La erradicación de las mafias que comercian con las drogas en sus diversas variedades naturales o industrializadas es una prioridad nacional. La legalización de esos tóxicos no reducirá la intensidad del comercio y por lo tanto la reducción de la guerra. Aun suponiendo que así fuese, el costo consistirá en el número de jóvenes y niños que encontrarán fácil el camino a la adicción.

No debemos aceptar el exponer a la niñez y a la juventud a los peligros que significa un acceso general a las drogas. Ni es cierto que el hábito de la mariguana se detiene ahí sin abrir los caminos para que el individuo siga de frente con narcóticos industrializados más complejos que ya se comercian.                                                                                                            

Sobran estudios científicos que definen las alteraciones que el uso frecuente de la mariguana produce. Hay abundante material clínico para confirmarlo. Por otra parte su uso medicinal para ciertos casos está confirmado desde hace tiempo en todo el mundo.

No obstante lo anterior, será sano que se convoque el debate nacional sobre el consumo de la mariguana por iniciarse la tercera semana de enero próximo en cinco foros regionales.

El secretario de Gobernación explicó que “el paradigma centrado estrictamente en reducir la oferta y criminalizar el consumo de mariguana ha ido cediendo terreno a uno que prioriza la salud público y la disminución de la demanda desde el enfoque de prevención y de los derechos humanos”.

El tema está lejos de agotarse por lo complicado que se presenta. Los foros regionales tocarán  los ámbitos de la salud, la ética, la economía y de seguridad ciudadana.

Es necesario llevar adelante ese debate por la información que irá dándose a conocer para ubicar en una óptica equilibrada lo que queremos ofrecer a la población con especial referencia a los jóvenes. Desconocer la realidad y autorizar el consumo facilitando su abuso va en línea completamente contraria al esfuerzo que México está realizando para elevar el nivel de educación popular.

La calificación universal del magisterio nacional, tema de máxima prioridad y urgencia, está avanzando con signos positivos. Toca, como complemento indispensable,  contar con una juventud libre de adicciones. De lograrse estas dos metas, México se  posicionará como uno de los países más dinámicos del mundo en términos de sus índices sociales,  ingrediente imprescindible para el progreso socioeconómico general. Son éstas las tareas que hay enfatizar en el año 2016.


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