El mexicano ante la muerte

0
273

Hay algunos rasgos de cultura en México muy comunes entre los mexicanos, que lo diferencian de otras culturas nacionales. Entre ellos la relación con la muerte.

Es importante recordar precisamente una vieja frase, veraz por cierto, de que nuestro México “es un mosaico de Méxicos”. Sí, hay diferencias territoriales. Por lo mismo no se pueden hacer generalizaciones, pero en el caso de la muerte, sí hay mucho en común entre las culturas del país.

El respeto a los muertos, a los antepasados en “el más allá”, sí es general, las muchas culturas lo tienen. Se venera a los muertos, en especial a los familiares y a los amigos muy cercanos, y por eso el Día de Muertos es tan importante. Así como muchos mexicanos hacen viajes quizá muy largos, para estar con la familia en los días de Navidad, y en el Día de las Madres, se hacen esos viajes para rendir juntos homenaje a los muertos en los cementerios.

-Publicidad-

Claro que las maneras de digamos “acompañar” a los muertos en sus tumbas varían. Algunas personas lo hacen con todo respeto, y rezan por el descanso de sus almas. Todos prácticamente llevan flores, limpian los exteriores de las tumbas y los mausoleos, pequeñitos y hasta gigantes.

Algunos, sin embargo, se reúnen en rededor de las tumbas a comer, beber (y mucho) y a disfrutar charlas divertidas, sin pensar que es día de reflexión sobre la propia vida y la esperanza para después de la muerte. Hay algo más: música en vivo. En estas personas el respeto a los muertos se ha perdido, y las reuniones en el cementerio con sus difuntos son como una fiesta más de la familia y allegados, no hay rezos, siendo el Día de Muertos una simple excusa.

Otra cosa son las ceremonias rituales ancestrales, mezcla de ritos religiosos autóctonos con lo cristiano. En algunos casos se han convertido, independientemente de la voluntad e intenciones de la población, en atracciones turísticas de viajeros que van a contemplar esos ritos, simples curiosos.

El Día de los Muertos opaca al Halloween, y no tiene nada en común con estas celebraciones del 31 de octubre, en que los niños se disfrazan para pedir sus dulces, o en el Centro del país para pedir su “calaverita” (dinerito, pues). Los jóvenes y algunos adultos se disfrazan para hacer alguna reunión.

Otro rasgo cultural es la costumbre de erigir los “altares de muertos”, algo muy propio del Centro del país, que se ha ido generalizando sobre todo en el Norte, en donde todavía hace pocos años, eran una novedad, una tradición mexicana que hasta entonces les había sido ajena.

Pero lo más importante no es la cultura alrededor del 2 de noviembre, sino la actitud general hacia el fenómeno de la muerte, que es parte de la cultura y actitudes hacia la vida. Para todo creyente, la muerte es sólo el paso a la vida eterna, pero que nos separa de quienes “se han ido antes que nosotros”, los que “se nos adelantaron”.

La muerte de los seres queridos duele y mucho, pero para todo creyente la propia vida es como una espera para reunirnos con los difuntos, que nos están esperando. Esta es una esperanza real, y no sólo un decir. México tiene siempre presente el dolor de la partida y la esperanza del reencuentro en el mundo de la inmortalidad post mortem.

Algo ha ido cambiando sobre el respeto a la vida entre los mexicanos. Tras la Revolución, en donde el país perdió unos dos millones de habitantes en esos años de guerra, entre “los que se iban a la bola” y los militares, en una sucesión de pleitos en que los líderes o cambiaban de bando o hacía uno nuevo propio. Demasiados muertos en demasiados años, que significaron una falta de respeto al valor de la vida, la propia y la ajena. Decir que se jugaba la vida era textual. Tras la Revolución hubo más actos de guerra, como el levantamiento Cristero.

La costumbre de jugar a la muerte, y matar a alguien como se dice “por quítame estas pajas” duró muchos decenios en México, por lo que sus índices de homicidios eran muy altos en el mundo. Pero eso fue cambiando, y ya las discusiones acaloradas y otros pleitos fueron terminando cada vez menos en que alguien mataba a alguien.

A nivel internacional, esos índices fueron bajando, y la cultura de matar a otro “nomás porque me miró feo” ha ido desapareciendo. Otros países con conflictos armados fueron superando a México en homicidios, así como aquellos lugares en los que la delincuencia violenta mata por robar hasta un simple teléfono celular.

Pero hay una novedad en las muertes violentas en México, por las guerras de los cárteles del narcotráfico. Entre sus líderes, como entre sus sicarios, matar a cuantos se pueda de las otras mafias, o a “las autoridades” que se les opongan, o a los que se atraviesen sin tener vela en el entierro, se volvió algo carente de valor. El respeto a la vida completamente perdido, incluyendo el de la propia, pues muchos jóvenes al servicio del narco, soñando con hacerse ricos y disfrutar de la vida, se la juegan sin reserva alguna.

Pero esta insensibilidad del sicariato ante el valor de la vida y de la muerte no es característica del pueblo mexicano, que en general la rechaza, la sufre y llora a sus muertos, o a los miles de jóvenes que han perdido contacto con sus familias, desaparecidos cuyos cadáveres deben estar enterrados en alguna parte.

Así, en general, los mexicanos han ido acabando con la desvalorización de la muerte, es decir de la vida, por pelear banalidades. Se ha ido apreciando el sentido de la vida y de la muerte, se rechaza la violencia fatal, se rechaza la guerra inter-cárteles de la droga, que ha ocasionado decenas de miles de muertos, sean sicarios, policías o militares, y en particular de inocentes.

Hay sin embargo una gran insensibilidad por un genocidio permanente: el aborto, que mucha gente acepta sin remordimientos, o que lo mira en los medios sin inmutarse, no les preocupa. Quienes luchan por la defensa de la vida, como “voz de los que no tienen voz”, tienen más problema con los insensibles que con los partidarios de esa cultura de la muerte que es el aborto. ¿Grave? Muy grave.

 

 

Hay respeto a los difuntos, esperanza del reencuentro y sentido de la vida futura, y con su premio o su castigo por lo que se haya vivido. La vida gana sobre la muerte, pero queda aún ganar la cultura de la vida sobre la de muerte por aborto.


There is no ads to display, Please add some

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí