Pasa en las mejores familias… imagínense en las peores. Las desavenencias en la coalición oficialista le propinaron, en solo una semana, dos sendas derrotas a la presidenta Claudia Sheinbaum en el Congreso con los planes A y B. Cierto que no es algo nuevo, al principio de su gestión pospusieron la entrada en vigor de la reforma antinepotismo hasta 2030, algo que, por cierto, está haciendo crujir a Morena porque, en consolación, dicho partido lo incluyó en sus Estatutos y los inconformes están subiendo el tono.
El Verde y el PT se niegan a ser prescindibles y por eso se rebelaron. La argucia para la excesiva sobrerrepresentación que le otorgó al oficialismo la llave constitucional fue ir en coalición, pues las autoridades capturadas convirtieron el límite del 8% en 24% al multiplicarlo por tres; aberrante interpretación que les regaló el 73% de curules en la Cámara de Diputados teniendo solo el 54% de los votos, una espuria mayoría calificada que han usado para cambiar ilegítimamente al régimen, desahuciando a la democracia mexicana. Sabiendo eso, lejos de acceder a tomar la cicuta ofrecida con amenazas y torceduras de brazo, buscan encarecer su precio en la definición de candidaturas.
Aunque algunos hablan de castigar a los partidos rebeldes y otros presagian votos de castigo en su contra, es previsible que los satisfagan en la mesa y se queden rumiando el enojo por premiar a quienes exhibieron la debilidad presidencial. No es que se opongan a los deseos de institucionalizar elecciones de Estado, solo a que tal inequidad beneficie únicamente a Morena y eso los vuelva innecesarios. De tal suerte que, con la pena, optaron por confrontarse con Palacio para salvar sus intereses, sabiendo que, al final del día, el gobierno y su partido están obligados a acordar con ellos.
Algo así hubiera sido impensable en el sexenio de López Obrador. La paradoja es evidente y requiere explicaciones: el poder está más concentrado ahora, pero el Ejecutivo ni de cerca es más fuerte que en el pasado gobierno. De hecho es lo contrario, con el caudillo prevaleció en todo momento la más férrea disciplina vertical y, cuando así se los ordenó, nunca le cambiaron una sola coma a sus iniciativas.
Lo anterior tiene que ver con el hecho de que su anunciada jubilación es una fantasía que nadie cree y que, además, resulta más complicado mandar desde las sombras. No digo que Sheinbaum carezca de poder, pero lo tiene en un cogobierno sin precedentes desde que Lázaro Cárdenas exilió a Plutarco Elías Calles en 1936; sobra decir que el México de hoy es muy distinto al de entonces.
Lidiar con aliados que, sabiéndose indispensables, son cada vez más exigentes y caros no es ni de cerca la única amenaza a la unidad que le ha permitido al obradorato gozar de hegemonía, así ésta sea artificial en razón de la ilegítima sobrerrepresentación ya mencionada. De hecho, el riesgo de fractura es aun mayor dentro de Morena y les será muy difícil atemperar los ánimos en la definición de las candidaturas. Las famosas encuestas no las hacen empresas reconocidas sino el propio partido y carecen de garantías mínimas de certeza. Son una simulación del dedazo.
Por eso los primeros que desconfían de los resultados de las encuesta son los propios morenistas y la ausencia pública del líder dificultará su aceptación. La encuesta para la jefatura de Gobierno de la CDMX en 2024, dada su visibilidad y la conocida diferencia entre sus contendientes, no podía ser adulterada y debieron reconocer el triunfo de Omar García Harfuch, pero López Obrador le dio la candidatura a Clara Brugada. En otro caso conocido, Rubén Rocha Moya, actual gobernador de Sinaloa, confesó que fue derrotado y, sin embargo, lo hicieron candidato con medición fabricada.
Por lo pronto, los afectados de la regla antinepotismo en Zacatecas y Guerrero elevaron su inconformidad. Tanto Saúl Monreal como Félix Salgado Macedonio cuestionan el criterio y piden que se respete la máxima demagógica de su fundador: “el pueblo manda”. Ellos podrían acabar siendo postulados por el Verde y/o PT como seguramente sucederá en San Luis Potosí con la esposa del gobernador. Y eso, perdónenme el lugar común, es la punta del iceberg.





























