El espíritu de facción

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En el órgano de dirección del PAN que controla casi de manera absoluta Gustavo Madero —la Comisión Permanente—, Margarita Zavala no obtuvo los votos necesarios para ser candidata a diputada federal por la vía de la representación proporcional. Aspiró a ello de manera legítima, se inscribió en tiempo y forma, pero entre 15 lugares que esa instancia elige como candidatos a diputados federales, no hubo un lugar para ella. En ese proceso se determinaron los tres primeros espacios de cada circunscripción, lo que convierte a los ungidos prácticamente en futuros legisladores. Ni en la circunscripción que integra el DF, ni por ninguna de las otras cuatro, se vio la posibilidad de incorporarla a la próxima Camara de Diputados. En suma, la ex-primera dama de México, quedó fuera de obtener una candidatura en el PAN.

Si esa ausencia fuera fruto de un auténtico proceso de selección y en la tradición democrática del PAN el inevitable resultado de una competencia abierta, no habría más que lamentar el hecho por el desperdicio de un perfil dotado de méritos en el partido desde antes de su lazo nupcial con Felipe Calderón. Pero se trata de una exclusión vergonzosa, por lo que además de deplorable, el hecho debe ser seriamente cuestionado. Estamos ante otro ejemplo no sólo de falta de visión, sino del espíritu de facción que ha invadido al PAN en uno de sus órganos decisivos. Es la dinámica revanchista y sectaria que favorece sólo a los suyos, por encima de cualidades y capacidades de los otros, que son vistos mucho más en su condición de competidores o enemigos internos que como baluartes de la batalla común afuera. Lo peor de todo es que a Margarita Zavala se le trasladan, como si fuera una extensión indistinguible de su marido, las críticas y las fobias hacia éste. Si somos honestos, ella tiene cuerda propia desde hace tiempo y ha sido, por mucho, la mejor parte de Calderón. En el Partido se le valora y se le reconoce.

Está claro que en la forma y votación que la excluyó está presente la guerra entre facciones. Se muestra la mezquina faceta de la mediocridad: cerrarle el paso a una natural plataforma de proyección política como lo es San Lázaro, pues Margarita Zavala ya había comentado con miembros del partido su intención de buscar la presidencia nacional del PAN este año, lo que confirmó de manera pública en varias entrevistas esta semana tras quedar fuera de las candidaturas. Instigada por la decepción salió a decir en su cuenta de Twiter: 1) La tarea más importante para mí en este momento es trabajar para que el PAN rectifique y retome el rumbo. 2) El desafío de fondo del PAN es reencontrarse con su identidad y reconstruirse desde sus cimientos. 3) O cambia el PAN, o dejará de ser un instrumento de representación ciudadana.

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Ya habrá tiempo para desmenuzar esa aspiración y los formidables retos que tal empeño le impondría a Margarita Zavala, pues si en efecto el planteamiento es de fondo y tiene como propósito el rescate, a partir de rectificar, retomar, reconstruir y reencontrar, hay un enorme deber de autocrítica, deslinde y reconocimiento de los años de la responsabilidad en el gobierno, y sobre todo, de la relación con el partido; por supuesto que no descalifico la intención, sólo advierto la enorme carga política que esa Presidencia del Partido tendría, para no volverla vulnerable ante las presiones y los chantajes del gobierno priísta.

Contrario a lo que le pasó a la ex primera dama, Gustavo Madero amarró su primer lugar en la circunscripción plurinominal. Ya no reconoce límites, ni tradición de los jefes nacionales del PAN. Desbordada su ambición, ha colocado al partido como trampolín de sus propósitos personalísimos; durante su campaña por la reelección timó a la militancia con la esperanza de un fortalecimiento del PAN, tanto en la consecución de la reforma estatutaria como en la selección de los mejores perfiles para tener una cámara de diputados vigorosa, desde la cual se volviera afianzar el vínculo con los ciudadanos, tan decepcionados de nuestro partido. Pero todo terminó en él.

Escondido de la realidad, en uno de los momentos más dramáticos de México, y en la mayor crisis de legitimidad que ha vivido el país a cargo de la incompetencia y la corrupción de Peña Nieto, Gustavo Madero olvidó sus promesas, se desentendió de la institución, pero se encargó de lo suyo. No sólo su propia candidatura, sino de negociar en el anonimato de sus escondites varios, diversas candidaturas para sus afines, para los que lo apoyaron; el pago de facturas y lealtades. “Porque el que gana, se lleva todo”, es el antiguo lema de los espíritus facciosos. Que pena lo que le sucede a Acción Nacional.


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