domingo, agosto 30, 2026
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Devotos, elecciones y otros políticos non sanctos. Herencia de AMLO: pérdidas millonarias

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Ahí les va el legado de quien presumía obras “para el pueblo” mientras le hacía el feo a los números, a los estudios y a cualquiera que le dijera que las cuentas no cuadraban. El Tren Maya, esa joyita del sureste, entre enero y junio de este 2026 ya se comió 5 mil 14 millones de pesos en pérdidas. Sí, leyó bien: alrededor de 27.6 millones de pesos diarios volando por la ventana del erario, según documentó El Universal. Es como si todos los días se quemara el presupuesto de un hospital o se tirara a la basura el sueldo de miles de maestros. Y eso que el tren ya lleva rato operando; no es que esté en “etapa de arranque”.

Pero no se queda solo. Mexicana de Aviación, la aerolínea que resucitaron a puro chorro de dinero público, tampoco levanta. En el primer semestre del año cargó con 513 millones de pesos en números rojos, o sea, unos 2.8 millones diarios que salen del bolsillo de todos los que pagamos impuestos. El Financiero lo puso en blanco y negro: gasta más de tres mil pesos por pasajero y apenas recupera mil y pico. Bonita forma de “democratizar el cielo”.

Y para rematar el menú, la Megafarmacia. Esa bodega monumental que iba a resolver el desabasto de medicamentos y que terminó convertida en un elefante blanco con socavón incluido. Según datos de la Secretaría de Hacienda, ya nos costó 17 mil 635 millones de pesos. Diecisiete mil seiscientos treinta y cinco. Con ese dineral se podían haber comprado medicinas de verdad, equipado hospitales o, por lo menos, arreglado el camino que ahora tienen tapado con cascajo.

Tres proyectos, tres agujeros negros. Todo porque se despreció el conocimiento técnico, se ignoraron las advertencias y se privilegió el show sobre la utilidad. “Es para el pueblo”, decían. Pues el pueblo es el que está pagando la cuenta, día tras día, mientras las obras siguen en números rojos y las promesas se diluyen como agua en el desierto.

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No se trata de odiar por odiar. Se trata de no tragar entero cuando te venden “transformación” y te dejan un saco de deudas. Al final, el que paga el pato no es el que cortó listones ni el que dio discursos en la mañanera. Somos nosotros, los de a pie, el pueblo, los que seguimos aportando para que estos elefantes blancos no se caigan del todo. Y eso, compañeros, ni es justicia social ni es nada que se le parezca. Es, simplemente, un despilfarro con disfraz de obra histórica.

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