Pues resulta que en Morena se les hinchó el hígado a las diputadas poblanas Grace Palomares y Nayeli Salvatori por ponerse a cotorrear en su podcast Descasadas. Dijeron, entre risitas, que los señores de más de 45 “huelen a baúl del recuerdo” y que “ya se están pudriendo”. Arruguitas, panza caída, olores a sándalo viejo… el típico desmadre de comadres que se les fue de las manos. Y bam: la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia les suspendió temporalmente los derechos partidistas. Ariadna Montiel hasta pidió que les cayera el rayo. Se acabó el podcast, se bajaron de redes y a disculparse a toda prisa.
Muy bien por defender a los adultos mayores, no se diga. Pero uno se rasca la cabeza y se pregunta: ¿y las otras cosas? Porque resulta que cuando el asunto es más gordo, el partido saca el paraguas más grande del mundo.
Ahí está Cuauhtémoc Blanco, el exgobernador de Morelos y ahora diputado, acusado por su media hermana de intento de violación. Según la denuncia, la arrinconó, le tocó los senos y quiso arrancarle el pijama. ¿Y qué hizo Morena? Lo blindó. Junto con el PRI y el Verde le negaron el desafuero. El hombre sigue ahí, dando la cara cuando le conviene, pero con el fuero intacto. Agresión sexual? Se investiga… pero con calmita y sin quitarle el escudo.
Y ni digamos de Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa. Estados Unidos lo acusó formalmente de conspirar con el Cártel de Sinaloa, específicamente con los Chapitos. Que le ayudaron a ganar la elección a cambio de protección, de poner gente suya en el gobierno y de dejar pasar “cantidades masivas” de droga. Un gobernador señalado de ser cómplice del narco y el partido… pues ahí está, defendiendo la patria y la Cuarta Transformación.
Entonces, a ver si entendemos la lógica morenista: burlarse de los viejitos en un podcast es pecado mortal, te suspenden derechos y te mandan a reflexionar. Pero acusaciones de intento de violación o de andar de mano con el cártel más poderoso del país… eso ya es otra categoría. Ahí no hay castigo exprés ni suspensión preventiva. Ahí hay “presunción de inocencia”, “ataques de la derecha” y “protección al compañero”.
En Morena, al parecer, hay clases. Hay quienes pueden oler a baúl y se les cae el mundo encima, y hay quienes pueden oler a pólvora y a fentanilo y se les sigue pagando el sueldo. Las burlas no se permiten. Las agresiones sexuales y el narcotráfico… se administran con más paciencia.
Qué bonita consistencia, carajo. Mientras tanto, el pueblo que se aguanté. Que para eso está la pensión del bienestar y los discursos de inclusión… siempre y cuando no se te escape una carcajada en un podcast.


















