Desprestigio

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La casa blanca de Angélica RiveraHemos visto en los últimos meses caer en picada el prestigio de los partidos. De los preferidos por el público, y de los demás también. Nadie puede afirmar que el partido político de su preferencia es impoluto a pesar de que cuenten con elementos de honestidad probada. Uno le dio cabida a un presidente municipal que resultó de negros contubernios con el crimen organizado, otro porque salieron a relucir conversaciones que muestran demandas indebidas por conseguir apoyos para que gobiernos estatales o municipales obtengan más recursos. Sin embargo, el escándalo más grande es el que deja ver el propio Presidente de la República con el tema de la Casa Blanca. Si bien ahora declara públicamente su patrimonio, dio a conocer que recibió unos terrenos de regalo.

No hay partido que haya estado en el ejercicio del poder que esté libre de manchas. Aunque algunos no tengan simples manchas sino todo el cochinero completo, y otros aparenten que todo es limpio cubriendo sus abusos con una habilidad malsana. Si en el siglo XX el apotegma de Hank González era un político pobre es un pobre político, en este siglo ya no es aceptable. Ahora todos los políticos están obligados a hacer declaración de bienes, y reportar los que adquieran posteriormente tienen. mostrando el origen de éstas. Recibir regalos no es ninguna muestra de honradez, al contrario, da pie a sospechas de apoyos indebidos.

Los políticos de todos los partidos deben tener conciencia de que viven en casa de cristal. Sus actos serán observados por cientos o miles de ojos y, por ello, también serán cuestionados. No sólo por actos de gobierno o su posición frente a la discusión de leyes, sino también por sus adquisiciones y gastos. En el pasado las casas de los altos políticos eran causa de admiración, pero no se les cuestionó si éstas eran fruto sólo de su esfuerzo. Por décadas faltó tanto un sistema de rendición de cuentas con suficiente transparencia en actos de gobierno. Siempre ha habido políticos honrados, pero también otros que no lo son tanto. Pero también hay que aclarar que el espíritu ciudadano no siempre estuvo presente para denunciar los abusos ni para apoyar a quienes denunciaban.

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Vivimos en un sistema electoral de partidos, por lo que éstos están obligados a expresar su propuesta para aumentar la transparencia, acabar con la corrupción y que exista una verdadera rendición de cuentas. Esas propuestas tendrán que incluir mecanismos para evitar la corrupción y para divulgar casos evidentes que lleguen a darse. La campaña electoral que apenas inicia no puede ser ya sobre vagas propuestas o promesas de partidos sin prestigio. Va a girar alrededor de propuestas anticorrupción y de candidatos que den confianza, ofrezcan claridad y transparencia, así como cercanía con sus electores sin importar que partido los proponga.

El desprestigio de los partidos es muy grande, por lo que lo único que puede salvar a la política será que triunfen candidatos con carisma y con ética, que antepongan el bienestar general al suyo y mantengan una comunicación eficiente con su electorado. Seguramente seguirá habiendo partidos políticos, pero tendrán que perfeccionar métodos de selección de candidatos y de comunicación, pues ya no podrán seguir ignorando ni al ciudadano ni a la ética, confiando en que los ciudadanos van a quedarse cruzados de brazos. Al contrario, la ciudadanía estará cada día más presente demandando honestidad y resultados en forma permanente.

Los sistemas existentes de transparencia, de rendición de cuentas, de balances y de contrapesos sólo son útiles en la medida que cada ciudadano asuma su papel en forma total. Quien pide el voto y quien cobra impuestos debe explicar cómo se asegura que toma las mejores decisiones y que los dineros públicos se emplean correctamente. México será otro cuando los mexicanos cuestionemos a candidatos y a funcionarios públicos para que actúen siempre en forma transparente buscando el interés superior de la nación con ética y dedicación.

La tarea es de todos. Sepamos comprometernos para cuestionar a candidatos y a funcionarios. Asegurémonos que sus conductas son las que deben ser, así como a dar a conocer desviaciones que merezcan ser sancionadas. También a apoyar denuncias fundadas de otros para que no se repita nunca más el caos que estamos viviendo.


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