Defenestrada

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Por: Juan Ignacio Zavala

Era de esperarse. La parejita vivió desatada el último año. Dinamitaba todo lo que estuviera a su alcance y a su paso. Y como lo que tenía a su paso era a los suyos, pues dinamitaron la casa de la comunidad. Irma y John hicieron lo que pudieron para llamar la atención y convertirse en líderes herederos del tabasqueño. Ultras, radicalizados, no se detenían ante nada. Ella se creyó la Robespierre, que a su paso temblarían los políticos; ella contra los corruptos, ella contra el mal. Él, un pobre orate que de pronto se sintió galán de televisión y personaje popular. Una mezcla peligrosa por la cuota de poder que tenían.

Pero como buenos clasemedieros tuvieron aspiraciones, fueron víctimas de la ambición. Además, seguramente no son cristianos, y ya dijo el Presidente que si todos fueran cristianos seríamos mejores. Ellos no lo son. Son malos y codiciosos, les gustó el poder y se engolosinaron con la famita que consiguieron. En consecuencia, creyeron que podían hacer lo que les viniera en gana. Y lo hicieron. Nunca midieron lo que iban a hacer, pusieron una bomba en la imagen del Presidente y, en efecto, explotó.

El daño que este par de desquiciados le hizo a su líder no está fácil de calcular. Sacaron denuncias ni más ni menos que de violación en contra de uno de los favoritos del Presidente que resultó enemigo del clan Sandoval. Ackerman lo denunció públicamente, anunció que el oprobio caería sobre Morena si Macedonio era el candidato y no su cuñado. La gente se interesó en el tema. Y sí, Macedonio tenía esas denuncias a las que se sumaron otras de acoso. El asunto creció y se le salió de las manos incluso al propio Presidente. Fue una bola de nieve que se hizo gigantesca. Las mujeres se manifestaron en miles contra la decisión del Presidente de postular a quien tiene acusaciones de violación. En el Zócalo, en la fachada de Palacio Nacional se proyectó el “No al gobernador violador”. El Presidente que la emprendió contra el INE y contra el Tribunal Electoral en su agenda de ataques, se topó con que estas instituciones le echaron para atrás el nombramiento de su candidato. El costo político para el Presidente fue grande: era derrotable, no todos se plegaban a sus caprichos, había quienes resistían y quienes repudiaban, como las mujeres, sus decisiones atrabiliarias. Todo por culpa de un par de desequilibrados que se pusieron a jugar a la política mientras se cachondeaban en redes sociales y se les descubrían propiedades inmobiliarias.

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El cese fue fulminante. La ‘guerrera del amor’ fue defenestrada como nadie más en lo que va del gobierno lopezobradorista. “Decidí sustituir”, dice el tuit del Presidente sobre la salida de la señora Sandoval. La foto es fuerte: él malencarado, enojado, como siempre. Ella no sabía qué hacer, pues sabía que le tomaban fotos de su caída, imágenes de su castigo, de su humillación pública. Una de las palabras que trae pegada a la boca el Presidente es “traidor”. Y en la política abundan. De hecho, el equipo cercano de AMLO no se entiende sin las traiciones, quien más, quien menos, todos proceden de alguna. Pero traicionar para afectar al todopoderoso, eso se paga en la plaza pública. La lección es clara: la deslealtad se paga con la cabeza, con la expulsión. Macedonio se disciplinó, se plegó a lo que dijera el Presidente, le ganó a los Sandoval y aunque perdió él, colocó a su hija, y siguió en la mirada presidencial. El día del defenestre publicó una foto sonriendo.


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