‘Defenderé el peso como un perro…’

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Cualquier persona menor de 50 años difícilmente se acordará de esa épica frase, emitida por el entonces Presidente de la República José López Portillo ante el Congreso de la Unión. Era 1982 y el peso mexicano había iniciado un descenso vertiginoso frente al dólar desde 1976, luego de un largo periodo de estabilidad (1954-1976). De un tipo de cambio de 12.50 pesos por dólar, en 1976 llegó a 20 pesos y a 70 en septiembre de 1982.

La férrea defensa verbal del entonces Presidente incluyó un control de cambios y la nacionalización de la banca, pero el peso siguió deslizándose hasta fijarse en los 150 pesos al arribo del nuevo gobierno en diciembre de 1982. Para evitar que el peso se siguiera depreciando se estableció un control de importaciones y se fomentaron las exportaciones, pero a pesar de ello en 1988 el dólar alcanzó nuevas alturas frente al peso (2295 pesos). Para ganar confianza de los posibles inversionistas años después se desnacionalizó la banca y se vendieron muchas otras empresas que innecesariamente había adquirido el Gobierno Mexicano.

En el sexenio 1988-94 se frenó el deslizamiento del peso, pero se abusó del endeudamiento externo (además de recursos provenientes de la venta de empresas) para un ambicioso programa de infraestructura y al comienzo del siguiente sexenio ocurrió otra devaluación catastrófica y el peso bajó casi el 50%, de 5,320 a 7,640 pesos.

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Recuerdo a mis lectores, y advierto a los más jóvenes, que en 1991 se introdujo un «nuevo peso» igual a mil pesos de los antiguos, esto es, al peso se le retiraron tres ceros, por lo que quiere la paridad actual ronda los 16,500 pesos originales por dólar. Este cambio cosmético ha hecho olvidar a muchos la tragedia de una economía que ha sufrido abusos por parte de quienes supuestamente debían defenderla.

Entre 1995 y 2012 tuvimos un manejo responsable de la economía sin endeudamientos exagerados ni acciones que minaran la confianza de inversionistas nacionales ni extranjeros. Aunque el peso siguió con una devaluación, era previsible. Pero a partir de que el actual gobierno cambió la política fiscal y reanudó el endeudamiento externo para financiarse, la confianza disminuyó, afectó aún más el tipo de cambio. En 32 meses de su gobierno el dólar cuesta 3.50 más (27% más).

Una situación externa afecta aún más al peso: la autoridad monetaria de los Estados Unidos ha mantenido por años una tasa de interés baja y los expertos suponen que en cualquier momento la elevará. Suponen que cuando suceda, aún más flujos de capital se refugiarán en el dólar y afectarán al peso. Si la autoridad hacendaria hubiera continuado con las sanas políticas de los 18 años anteriores, México estaría preparado para enfrentar este evento. Pero entre la caída de ingresos petroleros (por baja del precio y disminución de la extracción), el cambio de política fiscal y el aumento de la deuda, puede darse una nueva devaluación catastrófica.

Aún hay tiempo para corregir, pero es muy escaso. Se requiere de inmediato cesar de endeudarnos más y de corregir la Reforma Fiscal para que en verdad defiendan al peso. No requerimos más defensas caninas.


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