Corrupción al alcance de nuestra mano ¿qué hacemos?

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La corrupción en el manejo de los asuntos públicos es un problema de la humanidad, en mayor o menor grado según cada medio social y su cultura. No es un caso particular de una nación. Y por supuesto que a la mayoría de la gente le disgusta la corrupción, y pide que sea combatida. Muy bien, ¿Y nosotros, qué hacemos?

Al saber que un funcionario público dispuso para su provecho de dineros y bienes públicos, exigimos le sea aplicado “todo el peso de la ley”, se le quite lo robado y se le meta a la cárcel. Que se le investigue cuando hay sospecha pública de malos manejos y robos. Muy bien, pero hay que tomar la corrupción que está cerca de nosotros ¡y hacer algo al respecto!

¿Cuándo tenemos la corrupción a nuestro alcance? Cuando nos afecta directamente, cuando la vemos por propios ojos o conocimiento cierto, cuando nosotros mismos somos parte de ella. Cuando se nos chantajea para una gestión o cuando ofrecemos y/o damos un soborno.

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Muchas veces en la vida aplicamos el principio de “hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre”, pero no en los propios, y muchos menos en nuestra persona.

Es tan fácil hacer un pequeño donativo, dar una “mordida”, para evitarse una multa de tránsito, o para agilizar un trámite de ventanilla. A veces porque nos es solicitado sutil o no tan sutilmente, descaradamente, y otras es por propia iniciativa. Esta corrupción de la que somos parte, ¿también la denunciamos, exigimos se aplique la ley o simplemente justificamos?

Otras veces somos testigos de actos de corrupción y nos quedamos impasibles, “para no meternos en problemas”, al cabo no es asunto nuestro. Es tan fácil exigir que se tomen acciones legales cuando no estamos involucrados en ese proceso… ¡que se aplique la ley, pero que no nos envuelvan a nosotros, que lo hagan otros, los “responsables”, el gobierno, la Auditoría, los jueces!

Otras veces no somos testigos, pero tenemos conocimiento de actos de corrupción de fuentes confiables, y hasta con datos precisos. ¿Qué hacemos al respecto, pensar que no es asunto nuestro y no hacer nada?

La denuncia, dicen quienes “no quieren problemas” o son simples fatalistas (sin querer reconocerlo), no sirve para nada. “Todos” son corruptos y no va a pasar nada, dicen. ¿Es cierto esto? Por supuesto que no, como regla general puede iniciarse alguna acción legal, aunque es verdad que las redes de corrupción o de indolencia o de “tapadera” son muy amplias. Pero si no se intenta frenarla,  la corrupción cercana a nosotros seguirá sin remedio.

De alguna manera, la denuncia, sobre todo la pública de actos de corrupción se convierte en presión social que lleva cada vez más a buenos resultados en su combate, por parte de las instancias legales. Al menos pone en alerta a ciudadanos y gobernantes. Pero si no la ejercemos como ciudadanos, o aún como servidores públicos, víctimas, testigos o conocedores de actos de corrupción,  no pasará gran cosa en la vida diaria de nuestra sociedad.

Los grandes negocios sucios hechos por medio de actos de gobierno, como las licitaciones “a modo”, los “moches”, los 10%s, y los regalos de casas y automóviles, sí son asunto de las autoridades, y difícilmente el ciudadano común puede hacer algo al respecto; pero la corrupción de la vida diaria, en asuntos menores pero repetitivos, de esa si se entera el ciudadano, está frente a él.

La corrupción al alcance de nuestra mano se puede remediar si nosotros mismos hacemos algo para su combate. También si instamos a nuestros conocidos a hacer lo propio. De otra forma, nuestra exigencia de justicia tiene algo de hipocresía cuando tomamos la actitud de ¡que “otros” hagan algo”… y que me dejen en paz, que no me metan en “sus líos”!


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